lunes, 17 de julio de 2017

RASTROS

La propuesta es el resultado de una investigación desde la danza aérea y contemporánea acerca de lo que deja huella. Ese rastro que queda de algo tan efímero como el movimiento en vivo.
El ambiente se presenta en un estado nebuloso donde los cuerpos se suspenden bajo una luz cálida que intenta atrapar sus contornos. Luego todo se clarifica y la danza sucede entre ellos como un canon, como una sacudida, un deslizamiento que a veces se ralentiza y transcurre en cámara lenta.
El vestuario de los intérpretes emula algo del orden laboral que nos puede remitir a la imagen de un taller textil, de un lugar de trabajo, y sin embargo, a la vez, transportarnos a las zonas brumosas del sueño.
Desde el fondo de la escena van y vienen atravesando el aire con esos cuerpos que por momentos se amalgaman en uno colectivo, o que se cuelgan y ascienden para danzar directamente suspendidos.
Hay en ellos una conciencia grupal que excede lo coreográfico. Para que uno ascienda con el arnés es necesario que haya otro poniendo su peso y esfuerzo en elevarlo, sosteniendo las sogas. Esta manipulación técnica no se oculta al espectador sino que está integrada sin disimulo, como parte del trabajo.

Así uno sube y danza en el espacio aéreo mientras otros observan y lo cuidan desde el suelo, acompañándose cada uno en su acción. El protagonismo oscila entre todos. Se manipulan y son manipulados, y de este encuentro nace también la expresión de la obra.
Cerrados en un abrazo que es lo único que los mantiene nivelados, dos intérpretes cuelgan de un lado y otro de la roldana. En un juego de pesos compartidos, mientras uno asciende gracias al descenso del otro. Es una danza pendular que los equipara en altura solamente en el momento del contacto, de la unión. Lo más bello simbólicamente en esta pieza aérea y contemporánea.
El rastro que queda de esta propuesta es la fuerza del contacto, del afecto, del impulso colectivo.
Y el placer de bailar, en la tierra o en el aire.

Qué: Rastros
Quién: Interpretación: Rodrigo Calvete, Gastón Santos, Milagros Coll, Lucila Shmidt, Mariela Loza, Amanda Berrueco.- Técnico en seguridad aérea: Sergio Costa Centeno.- Iluminación: Agnese Lozupone.- Diseño y realización de vestuario: Sara Bande.- Edición musical: José Ríos.- Asistente de dirección: Julieta Vazquez.- Asistente de producción: Cintia Sola.- Idea y Dirección: Ana Armas.- Producción: Compañía Abismo Danza.-
Dónde: Centro Cultural Ricardo Rojas. Sala Cancha. Corrientes 2038 - Tel: 4951-6743
Cuándo: Viernes 21 hs. (Hasta el 11 de agosto)








lunes, 5 de junio de 2017

SALIVA Y RITMO

Esta vez el Combinado Argentino de Danza (CAD) condimenta su propuesta de música y danza, con la poesía de Mariano Blatt. Lo hace en un escenario poco usual para la danza pero no para ellos que abordan todo tipo de espacios al alcance de la mano.
La terraza del Centro Cultural 25 de mayo se convierte en pista, en fiesta compartida. Con un espacio ambientado que da la bienvenida entre cocina, tejidos, remeras y libros, y una barra montada junto a una parrilla atendida por sus propios intérpretes.
De esta manera se mezclan arte y vida, y los bailarines te sirven los tragos o la comida como si esa tarea fuera parte de la performance. Para el distraído pasan desapercibidos y entonces se invierten los sentidos y es como si los trabajadores salieran a bailar al escenario.
Con ese acto mínimo, se pone en sutil tensión la afirmación de que la danza es también un trabajo. Detrás asoma la lucha de los trabajadores de este arte del movimiento por sus derechos laborales, y la ley nacional de danza que ha vuelto a presentarse este año en el Congreso de la Nación.
En escena, la fiesta comienza y se desarrolla entre las poesías suburbanas de Mariano Blatt, las palabras que el poeta suelta con esa cadencia musical tan particular de su voz, los textos que atrapan movimientos espontáneos de la danza, los sentidos que los bailarines acoplan, rompen, penetran o acompañan, la propia danza que juega consigo misma.
Cada evento hay otro poeta invitado que combina sus palabras con Blatt y con los bailarines.
La música te sacude el frío que trae este otoño. Los textos te ponen combativo el espíritu. La danza te da el impulso para poner el acelerador al alma que se arroja a la pista a revolcarse con los intérpretes y con la vida.
Cada uno es protagonista y vuelca parte de sí mismo en esa conjunción tan particular que es el CAD. Los artistas trabajan en escena y a la vez, construyen esos otros mundos paralelos tan necesarios para poder seguir respirando en esta hostilidad en que se va convirtiendo el planeta.
La sangre de la vida late en el arte.
Acá, el pulso urbano de una experiencia colectiva te lo ofrece con humor y pasión.
Nosotros lo festejamos.

Qué: Saliva y ritmo
Quién: Combinado Argentino de Danza Intérpretes: Nelson Barrios, Mariano Blatt, Villa Diamante, Agustín Fransoni, Oscar Gonzalez, Alex Heduvan, Jonathan Leiva, Bruno Lil'Dragon Klewzyc, Milo Moya, Valeria Polorena, Mariela Puyol, Jorge Salas, Andrea Servera, Pato Smink.- Musicalización: Villa Diamante y Pato Smink.- Iluminación: Fernando Berreta.- Ambientación: Marianela Fasce.- Artista plástico: Paula Duró, Alejandro Sordi.- Fotografía: Agustín Fransoni.- Murales en la Terraza: Paula Duró y Alejandro Sordi.- Management: Alejandro Mazzei.- Dirección: Andrea Servera.-
Dónde: COMPLEJO CULTURAL TEATRO 25 DE MAYO Av Triunvirato 4444 Teléfonos: 4524-7997 internos 212 Web: http://www.teatro25demayo.org /
Cuándo: Domingo 18 de junio, de 12.30 a 15.30

miércoles, 31 de mayo de 2017

MIS DÍAS SIN VICTORIA



“No me pasó nada maravilloso, simplemente me enamoré”
Es un espacio teatral, desarmado en su funcionalidad estructural que habitualmente dispone butacas para público y escenario para representación, nos da la bienvenida una mesa servida con copas de vino.
Mientras los espectadores se relajan con la bebida espirituosa de espaldas al escenario, un trío de música acomodado encima de la cabina técnica interpreta algunas canciones. Temas suficientes para introducir al público en una propuesta tan desarticulada como el espacio.
En el escenario se encuentran acomodadas un grupo de gradas para acomodarse a gusto. La gente se sienta expectante. Del otro lado, una chica se para y habla.
La protagonista da inicio a su relato desde las butacas, ella sola en ese lugar amplio y vacío que se ve aún más desolado sin el público que suele ocuparlo. 
Como si se tratara de una confesión, avanza en aquello que la martiriza contándolo en forma de diario. Así rememora los días en que conoció a Victoria, una bailarina a la que deseaba coreografiar. Mujer de la que se enamora sin poder concluir la propuesta artística esperada.
Esa historia es suficiente para desarrollar una puesta performática que juega con el espacio tomándolo todo para la presentación y representación de la aventura erótica. Entre las palabras, las imágenes que estas suscitan y los momentos de coreografía, se sintetizan, o lo intentan, todos los sentimientos mezclados que atraviesan a la protagonista.
Belén narra, presenta a sus compañeras y cómplices de este viaje íntimo, baila, grita, llora y se desespera. Se desnuda en su humanidad y hace carne escénica su vivir y sufrir. Sus palabras tienen el tono de confidencia a una amiga que prestara su oreja para aliviar un sentir sin fondo.
Más allá de lo real o ficcional del suceso, sirve en este caso para que las intérpretes pongan toda su corporalidad en escena. Para que el relato permanezca  vivo en cada movimiento representado.
Una propuesta que habla de lo más cercano, el amor, y su lado b, el desengaño, el dolor, la tristeza. Que lo cuenta como si lo reviviera en cada texto. Que lo muestra en los cuerpos que danzan cuando las palabras no bastan.
Un juego sobre la imposibilidad de salir ganando, victoriosos, ilustrado tan bien en el título de la pieza que alude a la Victoria que no es victoria.
Una pregunta por la vida y la transformación de sus devenires humanos en hechos estéticos.
Los días pasan, algunas cosas quedan, pero sin duda el arte nos sobrevive, no como pregunta cerrada sino como obra abierta.

Qué: Mis días sin Victoria
Quién: Autoría, texto y Dirección: Belén Arena.- Intérpretes: Jazmín Levitán, Solentina López, Maria Florencia Tangel.- Performers: Fiorella Álvarez, Belén Arena, Gabriela De León Esperanza, Fernando Xavier Ibarra, manuela Suarez Poch.- Diseño de luces: Matías Kedak.- Audiovisuales: Lucas Penyafort.- Artista plástico: Raina Todoroff.- Asistencia general: Gabriela De León.- Asistencia Creativa: Fiorella Álvarez.- Asistencia de dirección: Jazmín Levitán.- Producción: Belén Coluccio, Azul Masseilot Giulano.- Colaboración artística: Fiorella Álvarez.- Supervision Artística: Marina Quesada.- Puesta en escena y Colaboración en dirección: Marina Otero.- Duración: 75 minutos
Dónde: CENTRO CULTURAL RECOLETA Junín 1930 Teléfonos: 4803-1040 Web: http://www.centroculturalrecoleta.org Entrada: $ 120,00

Cuándo: Sábados 21:00 hs

sábado, 13 de mayo de 2017

POR QUÉ NOS GUSTAN TANTO LAS LUCES

El título de la propuesta invita a la reflexión. Las luces a las que aluden pueden ser tanto las escénicas, haciendo referencia a lo que significa la exposición de la escena, como las luces del intelecto, señalando así cierta fascinación por el pensamiento, la abstracción y lo conceptual.
Todo empieza, en el aquí y ahora teatral, frente a una pantalla que se presenta como muro. Es una división que resulta tajante porque está ubicada en primer término en el escenario y oculta lo que hay detrás, cuestión que causa cierta intriga. En un lateral, apenas visibles también, se observan una mesa con equipos y computadora, y dos personas sentadas allí que manejan la técnica.
Al principio, la propuesta genera una creciente expectativa. Se oye música, que parece salir desde un celular, como si hubiera alguien escuchando fuera de cuadro, clichés de música lenta de los ’80 y ’90.
Así se va construyendo un clima que puede resultar algo confuso ya que los intérpretes no aparecen en escena hasta un tiempo después. Mientras, se oyen ruidos y se intuye que algo sucede por detrás de la pantalla. Como si el público estuviera ubicado en la zona de atrás, fuera de la escena, testigo espía de aquello que no forma parte de la obra.  
Lentamente se va descubriendo la propuesta, que utiliza recursos cinematográficos, y donde se puede ver lo filmado en la pantalla del frente del escenario, a la vez que se vislumbra que aquello se está filmando por detrás.
El espectador se constituye como backstage -el detrás de escena- como si ese estar afuera le permitiera colarse en aquello que no está pensado para ser visto.
La obra ubica al espectador en ese lugar de cómplice de aquello que constituye el fuera del cuadro, los recortes laterales que rodean lo que la cámara capta y transmite, lo que no forma parte de la obra final. Presentándose a la vez, como un juego entre lo íntimo y lo público, la pieza juega con la intimidad como espectáculo y la intimidad del espectáculo.
Algunos se retiran de la sala, impacientes por esos fragmentos que se le presentan como obra.
Dentro de esta propuesta, se develan distintos procedimientos técnicos que componen la arquitectura de la filmación en vivo. Todo el despliegue que se organiza para llegar a aquello que el público ve proyectado, entra en cuadro y forma parte de la obra.
De esta manera se entremezcla el universo ficcional que está filmándose en los laterales o detrás -y que se proyecta en la pantalla-, y la ficción que conforman todos esos elementos, que es la que el espectador presencia desde las butacas.
A medida que avanza en su desarrollo, los intérpretes se muestran frente al público para vincularse directamente con la pantalla como si ésta tuviera vida propia. Allí aparecen textos dirigidos a ellos y a los técnicos, como si fueran indicaciones independientes que vinieran de la máquina convertida en director omnisciente a los que se supeditan. El humano a merced de la tecnología como bajo el mando de un dios cibernético.
Todo es una gran coreografía compuesta por esos movimientos en el espacio que se presentan en forma de danza, como algo fluido, como caminatas, como cortes, como detalles, como direcciones en el espacio. La mirada es dirigida por la cámara pero puede fugarse a hacia el contexto. Como algo público, o íntimo pero compartido.
En estas puestas, que podrían considerarse conceptuales, la metáfora puede percibirse atravesada por el pensamiento, sin que se devele como poética durante el convivio teatral. Debe ser metabolizada, intelectualizada. Son obras que necesitan de la explicación del programa de mano, de lecturas previas, del ejercicio mental, para ser comprendidas.
En un mundo atravesado por lo virtual, donde la realidad se construye entre las redes, los medios y la calle -siendo esta última un espacio de afectividades que queda tantas veces por fuera-, la verdad de la vida real se escapa, se filtra en esos “mecanismos técnicos para lograr un efecto”. Por eso, vale la pena formularse la pregunta: ¿ qué luces son las que nos gustan?

Qué: Por qué nos gustan tanto las luces
Quién: Escenografía: Mariana Tirantte.- Iluminación: Sebastián Francia.- Video: Nicolás Della Valentina.- Creación y dirección: Fabián Gandini, Florencia Vecino.-
Dónde: CENTRO CULTURAL GENERAL SAN MARTIN Sarmiento 1551 Teléfonos: 4373-8367 Fax 4374–1251/59 int. 273/278.-
Web: http://www.centroculturalsanmartin.com/

Cuándo: Miércoles y Jueves - 21:00 hs - Hasta el 25/05/2017

sábado, 25 de marzo de 2017

HERONIÑA

“Cualquiera sea la causa que defienda la heroína parecería haber siempre una fuerza que la mueve hacia ese fin.” (Gacetilla de la obra)
La heroína de esta historia nos recibe con su presencia en escena. La puesta es muy plástica, fotográfica. El espacio está dividido en dos cuadrados blancos de luz ubicados en diagonal uno respecto al otro. Como un tablero de ajedrez gigante donde solo destacaran dos jugadores.
En cada espacio iluminado están los protagonistas de la pieza. Fabiana, súper heroína, en uno, y un listón de madera sostenido como si fuera una barra en otro. El listón está ubicado en diagonal a la intérprete y tiene afilada la punta que mira hacia ella. Esta sola imagen en la quietud de la sala vibra con su movimiento plástico. Percibir esas tensiones que generan las diagonales ya es algo potente.
Fabiana comienza por explorar su propia carnadura. Se come, se muerde, se huele, se saborea, se siente. Juega con la boca y con la nariz, con los sentidos del olfato y el gusto, como si fuera la percepción primera del mundo por parte del infante. Se descubre sensorialmente ella misma como analizando eso de lo que está compuesta.
Frágil y fuerte, su cuerpo se sumerge entre rebotes, caídas, deslizadas, arrastradas. Danza que esquiva aquello que está ahí presente como una amenaza o una posibilidad.
Ella, cuerpo móvil, latente, flexible, frente a esa línea de madera que se opone pero se presta a participar en el movimiento. Múltiples significaciones puede adquirir la simple madera. Lo cierto es que representa el mundo exterior.
Ella se clava la flecha que atraviesa el espacio de la sala de manera casi descomunal. O juega como si fuera una jabalina. O la convierte en la aguja de un reloj de sol, que gira enloquecida rompiendo las horas y los días. Ella maneja el tiempo, los tiempos, su tiempo. Escribe su presente con este lápiz gigante, esta figura fálica sobre la que se acuesta encima, al lado. Su cruz.
La heroniña vence los obstáculos y se entrega a la vida, confía ciegamente. Avanza desfilándose y desafiándose a sí misma.  Es su propia heroína, su propia droga, adicción. Es su propio propósito, su meta. Es una niña en los brazos de su madre y eso la vuelve ‘todo poderosa'.
Ella es también su técnico de sonido y devela el trabajo poniendo la música en un dispositivo in situ. También hay algo del movimiento como tarea en algunas de las acciones de la pieza. Como técnica, rompe un poco el encantamiento, pero es parte de su ser performático no dejarnos caer en ensoñaciones.
Aparece la música, el amor, una especie de duelo danzado, de rotura de corazón, y un camino blanco de luz en el piso se perfila como un pasaje a otro lugar.
Quien haya visto a Capriotti en otras propuestas podrá apreciar que la composición espontánea de su danza es lo que conocemos de la bailarina. Las acciones performáticas que desarrolla junto a ese increíble instrumento que es la madera, son la novedad de esta propuesta. De una belleza poética potente en donde una Fabi novedosa asoma.

Qué: Heroniña

Quién: Idea, interpretación y Dirección general: Fabiana Capriotti.- Director Asociado: Carlos Casella, Lucía Magdalena Disalvo, Marina Giancaspro.-

domingo, 19 de marzo de 2017

MARÍA SOBRE MARÍA

Sentada en una silla de espaldas al público y haciendo ruidos no identificables desde las butacas, comienza María Kuhmichel su propuesta.
Al principio, la bailarina está oculta a las miradas,hace movimientos que no permiten verle la cara. Incluso cuando comienza a avanzar el despliegue de su cuerpo, tarda en develarse. Por otro lado, en esta primera parte, aparece un tipo de vinculación con la silla como apoyo o sostén, que de alguna manera remiten a la otra María presente en el título. La aludida desde la perspectiva histórica: María Fux[1].
La María en vivo juega con el objeto, lo cambia de posición desarmando su funcionalidad. La silla deviene entonces objeto subjetivado por la bailarina que insufla vida en él, tal como hacía y hace María Fux en sus danzas con todo aquello con lo que se vincula.
Se establece desde la dramaturgia una relación con el pasado que revitaliza la memoria. La puesta se transforma en una apropiación que da continuidad orgánica a nuestra historia de la danza. Como una manera de bailar los ancestros de la propia coreografía.
Mediante recursos como la oscuridad total del espacio, se establecen cortes a nivel espacial y temporal. En un momento ese salto es hacia el pasado, donde aparece la voz en off de María Fux. En otro momento es hacia el presente.
La intérprete abre su juego e investigación para compartir el desarrollo del mismo con el público. Rompe cualquier estado de obnubilación que pudiera suceder durante la danza para comunicar el proceso de trabajo y exploración. Una apertura performática e histórica.
La propuesta habla de Fux y su danza desde distintos niveles. Tomando en el cuerpo propio materiales con los que Fux creaba, María presente danza con sus manos construyendo formas en el aire y otorgándoles un lugar importante tal como lo hacía María Fux. Lo mismo sucede cuando danza junto a su sombra. Tiene catalogados una serie de movimientos de Fux, que ella intenta repetir en escena, si bien aclara, que no siempre le salen.
La bailarina en cuerpo vivo incluye al público de forma activa, se comunica con él, lo hace cómplice de su búsqueda creativa. La gente se ríe por los contrastes. A veces, los movimientos no pueden atravesar los cuerpos fuera de los contextos en los que brotan. El movimiento espontáneo de una danza creada está enraizada en su universo, en su historia, que excede el ámbito individual para colarse en lo colectivo. Por eso, puede suceder también, que el homenaje resulte parodia.
Es una puesta contemporánea, en el sentido de los elementos de su tiempo que la componen. Podemos observar la disolución de la cuarta pared y la mirada al público, la inclusión del mismo por participación directa, la ruptura del efecto de ensoñación, la aparición del texto, las voces en off o el trabajo documental de la entrevista.
Luego la música del piano colma la sala y la María presente y joven danza su interpretación de la María ausente. Y se emociona.
Será como sentir al otro en esa reproducción de su danza, de sus movimientos. Será como corporeizar un fragmento de la propia historia de la danza. Un recurso, una exploración personal, un disparador para la creación.
¿Se producirá una sensación parecida al bailar los mismos movimientos,  como si la misma acción llevara al mismo sentimiento?
Lo que sí hay es una apropiación personal de la historia, que abre parte del mundo de la danza al público para entablar un vínculo que salta del acontecimiento poético al conocimiento teórico desde una perspectiva estética: en forma de obra.

Qué: María sobre María

Quién: Intérpretes: María Kuhmichel.- Iluminación: Fernando Berreta.- Música original: Paula Shocron.- Diseño gráfico: Estudio Bacana.- Asistencia de dirección: Josefina Zuain.- Colaboración artística y teórica: Eugenia Cadús, Ayelén Clavin.- Co-producción: Cafe Muller Club De Danza.- Dirección: Lucía Llopis.-
Dónde: Café Müller








[1] María Fux es bailarina, coreógrafa y danzaterapeuta. Poseedora de una estética propia y una concepción de la danza como camino hacia la plenitud de las potencialidades expresivas que toda persona posee, ha creado un método original que tiene raíces en la creatividad de su arte con la danza. Con 94 años, continúa haciendo espectáculos y dictando cursos y seminarios de formación para docentes, fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, médicos, profesores de danza y de gimnasia, artistas y gente que desea conectarse con su cuerpo a través del movimiento, en su escuela en Buenos Aires, en los Centros de Formación en Danzaterapia que llevan su nombre y que dirige en Florencia, Milán y Trieste (Italia), en España, y en Universidades de Chile y Brasil. (Información de la gacetilla)

lunes, 6 de marzo de 2017

LOS VIAJES DE SARMIENTO


El escenario muestra al fondo, en la diagonal izquierda, un espacio cuya escenografía está compuesta por instrumentos y una piedra grande colgada de una estructura, donde Ezequiel Abregú, el hombre que musicaliza y diseña el sonido, hace sus maravillas. Desde ahí la mirada puede continuar su camino hasta Florencia Bergallo, Cecilia Blanco, Eugenia Roces y Marina Sarmiento, las cuatro mujeres que componen el resto de esta puesta humana, con sus cuerpos, voces y energía, al frente del escenario.
Desde lo visual, el grupo de mujeres genera múltiples imágenes. Son fieras antropófagas, caníbales. También son nuestras mujeres originarias del continente americano, indias, incas, aymaras, mapuches, onas, tehuelches, siux, wichis. Son feroces vickingas, son yeguas, manada, bacantes, tropel femenino.
La danza crea formas, sueños, fantasmas.
Las acciones a veces rozan lo escatológico, confundiéndose el ser primitivo y el ser grotesco del carnaval. Escupidas, eructos, besos se conjugan para decir algo que sale de las entrañas de la tierra. Toman relevancia estos líquidos del cuerpo, las funciones ocultas, los agujeros. Aparece en escena el cuerpo obsceno, el cuerpo soterrado, doblegado por la dominación y la cultura. Así como el cuerpo de la bailarina es dominado por la técnica dejando su naturaleza bajo capas y capas de entrenamiento. Apolo se desarma bajo la potencia  de Dioniso.
En esa puesta entre prehistórica y precolombina, lo gestual se manifiesta como danza tanto como lo gutural y vocal. Ellas cantan, gritan, lanzan sus puños de guerra y aceleran el pulso vital de la escena.
Una construcción de piedras vuelve a traer lo primitivo como parte de una dramaturgia que apela a los orígenes, como si fuera una forma de rescatar la potencia de acción de lo salvaje. Pero lo primitivo no aparece tanto como una contraposición a la cultura, en términos de Freud, sino en oposición positiva a la civilización que Sarmiento impuso a marca de yerra sobre las gentes.
Las mujeres van a los límites y exploran todas las posibilidades que se les ocurren con las piedras. Se las meten en la boca, juegan con la deformidad. Construyen y destruyen, las chocan. Crean música con las piedras de una manera genial que se combina con la sonoridad de la piedra que tiene detrás el músico. Una consistencia sonora espectacular.
Arrojan las piedras y el polvo que desprenden forma pequeñas nubes que se esfuman. Derrumbe de la montaña de piedras. El halo las rodea, las envuelve. Sonidos de páramo. Lejanía, soledad.
En esos estados de caza o cortejo que se arman desde el movimiento de esta tribu femenina, cada intérprete despliega su potencial.

Se construye una obra de danza performática, en el sentido de performance como algo que “subraya la importancia del cuerpo y de la acción como factores esenciales en la interacción del hombre con el mundo” (Cornago Bernal, 2004). Los pasos de danza se cuelan estilizados entre los pasos cotidianos.
Todo está en escena en función de relatar de alguna manera la experiencia de esa “apropiación contemporánea y bastarda de los viajes que D. F Sarmiento realizó durante el siglo XIX” que hace la autora, Marina Sarmiento.
Por eso, la propuesta muestra lo bestial de las campañas de exterminio en nombre de la civilización, encarnado además, en cuerpos femeninos que resemantizan esa lucha en las demandas cotidianas y presentes por el lugar de la mujer, de lo femenino, en una sociedad patriarcal y machista.
Como conclusión, la dramaturgia despliega cierto desencanto frente a lo humano, nos lleva a pensar cuál será la construcción posible. Frente a una pieza plagada de instancias catárticas, dejar atragantada la respuesta, empuja a buscarla en el mundo, fuera de la ficción.

Qué: Los viajes de Sarmiento
Quién: Idea, Coreografía y Dirección: Marina Sarmiento.- Intérpretes: Florencia Bergallo, Cecilia Blanco, Eugenia Roces, Marina Sarmiento.- Iluminación: Gonzalo Córdova.- Diseño de vestuario: Belén Parra.- Música y Diseño sonoro: Ezequiel Abregú.- Fotografía: Marcos Crapa.- Diseño gráfico: Martín Molinaro.- Asistencia artística y Asesoramiento: Julieta Benedetto, Natalia Lerussi.- Coaching De Baile: Nicolás Delavanso.- Asistencia general: Julieta Benedetto, Eugenia Roces.- Asistente de sonido: Leandro Exequiel Sosa Redchuck.- Asistencia de dirección: Eugenia Roces.- Producción ejecutiva: Julieta Benedetto.- Producción general: Cooperativa Los Viajes De Sarmiento.- Dramaturgista: Ezequiel Steinman.- Colaboración coreográfica: Débora Diskin.-