domingo, 19 de marzo de 2017

MARÍA SOBRE MARÍA

Sentada de espaldas al público en escena y haciendo ruidos no identificables desde las butacas, comienza María Kuhmichel su propuesta.
Al principio, la bailarina está oculta a las miradas, tarda en develarse. Cuando el despliegue de su cuerpo comienza a avanzar, hace movimientos con la silla que no permiten verle la cara. En esta primera parte aparece un tipo de vinculación con la silla como apoyo o sostén, que de alguna manera remiten a la otra María presente en el título. La aludida desde la perspectiva histórica: María Fux[1].
La María en vivo juega con el objeto, desarmando su funcionalidad al cambiarlo de posición. La silla deviene entonces objeto subjetivado por la bailarina que insufla vida en él, tal como hacía y hace María Fux en sus danzas con todo aquello con lo que se vincula.
Se establece desde la dramaturgia una relación con el pasado que revitaliza la memoria. La puesta se transforma en una apropiación que da continuidad orgánica a nuestra historia de la danza. Como una manera de bailar los ancestros de la propia coreografía.
Mediante recursos como la oscuridad total del espacio, se establecen cortes a nivel espacial y temporal. En un momento ese salto es hacia el pasado, donde aparece la voz de en off de María Fux. En otro momento es hacia el presente.
La intérprete abre su juego e investigación para compartir el desarrollo del mismo con el público. Rompe cualquier estado de obnubilación que pudiera suceder durante la danza para comunicar el proceso de trabajo y exploración. Una apertura performática e histórica.
La propuesta habla de Fux y su danza desde distintos niveles. Tomando en el cuerpo propio presente materiales con los que Fux creaba, María presente danza con sus manos construyendo formas en el aire y otorgándoles un lugar importante tal como hacía María Fux. O danzando junto a la sombra. Tiene catalogados una serie de movimientos de Fux, que ella intenta repetir en escena, si bien aclara, que no siempre le salen.
La bailarina en cuerpo presente incluye al público de forma activa, se comunica con él, lo hace cómplice de su búsqueda creativa. La gente se ríe por los contrastes. A veces, los movimientos no pueden atravesar los cuerpos fuera de los contextos en los que brotan. El movimiento espontáneo de una danza creada está enraizada en su universo, en su historia, que excede el ámbito individual para colarse en lo colectivo. Por eso, puede suceder también que el homenaje resulte parodia.
Es una puesta contemporánea, en el sentido de los elementos de su tiempo que la componen. Podemos observar la disolución de la cuarta pared y la mirada al público, la inclusión del mismo por participación directa, la ruptura del efecto de ensoñación, la aparición del texto, las voces en off o el trabajo documental de la entrevista.
Luego la música del piano colma la sala y la María presente y joven danza su interpretación de la María ausente. Y se emociona.
Será como sentir al otro en esa reproducción de su danza, de sus movimientos. Será como corporeizar un fragmento de la propia historia de la danza. Un recurso, una exploración personal, un disparador para la creación.
¿Se producirá una sensación parecida al bailar los mismos movimientos,  como si la misma acción llevara al mismo sentimiento?
Lo que sí hay es una apropiación personal de la historia, que abre parte del mundo de la danza al público para entablar un vínculo que salta del acontecimiento poético al conocimiento teórico desde una perspectiva estética: en forma de obra.
Qué: María sobre María
Quién: Intérpretes: María Kuhmichel.- Iluminación: Fernando Berreta.- Música original: Paula Shocron.- Diseño gráfico: Estudio Bacana.- Asistencia de dirección: Josefina Zuain.- Colaboración artística y teórica: Eugenia Cadús, Ayelén Clavin.- Co-producción: Cafe Muller Club De Danza.- Dirección: Lucía Llopis.-
Dónde: Café Müller







[1] María Fux es bailarina, coreógrafa y danzaterapeuta. Poseedora de una estética propia y una concepción de la danza como camino hacia la plenitud de las potencialidades expresivas que toda persona posee, ha creado un método original que tiene raíces en la creatividad de su arte con la danza. Con 94 años, continúa haciendo espectáculos y dictando cursos y seminarios de formación para docentes, fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, médicos, profesores de danza y de gimnasia, artistas y gente que desea conectarse con su cuerpo a través del movimiento, en su escuela en Buenos Aires, en los Centros de Formación en Danzaterapia que llevan su nombre y que dirige en Florencia, Milán y Trieste (Italia), en España, y en Universidades de Chile y Brasil. (Información de la gacetilla)

lunes, 6 de marzo de 2017

LOS VIAJES DE SARMIENTO


El escenario muestra al fondo, en la diagonal izquierda, un espacio cuya escenografía está compuesta por instrumentos y una piedra grande colgada de una estructura, donde Ezequiel Abregú, el hombre que musicaliza y diseña el sonido, hace sus maravillas. Desde ahí la mirada puede continuar su camino hasta Florencia Bergallo, Cecilia Blanco, Eugenia Roces y Marina Sarmiento, las cuatro mujeres que componen el resto de esta puesta humana, con sus cuerpos, voces y energía, al frente del escenario.
Desde lo visual, el grupo de mujeres genera múltiples imágenes. Son fieras antropófagas, caníbales. También son nuestras mujeres originarias del continente americano, indias, incas, aymaras, mapuches, onas, tehuelches, siux, wichis. Son feroces vickingas, son yeguas, manada, bacantes, tropel femenino.
La danza crea formas, sueños, fantasmas.
Las acciones a veces rozan lo escatológico, confundiéndose el ser primitivo y el ser grotesco del carnaval. Escupidas, eructos, besos se conjugan para decir algo que sale de las entrañas de la tierra. Toman relevancia estos líquidos del cuerpo, las funciones ocultas, los agujeros. Aparece en escena el cuerpo obsceno, el cuerpo soterrado, doblegado por la dominación y la cultura. Así como el cuerpo de la bailarina es dominado por la técnica dejando su naturaleza bajo capas y capas de entrenamiento. Apolo se desarma bajo la potencia  de Dioniso.
En esa puesta entre prehistórica y precolombina, lo gestual se manifiesta como danza tanto como lo gutural y vocal. Ellas cantan, gritan, lanzan sus puños de guerra y aceleran el pulso vital de la escena.
Una construcción de piedras vuelve a traer lo primitivo como parte de una dramaturgia que apela a los orígenes, como si fuera una forma de rescatar la potencia de acción de lo salvaje. Pero lo primitivo no aparece tanto como una contraposición a la cultura, en términos de Freud, sino en oposición positiva a la civilización que Sarmiento impuso a marca de yerra sobre las gentes.
Las mujeres van a los límites y exploran todas las posibilidades que se les ocurren con las piedras. Se las meten en la boca, juegan con la deformidad. Construyen y destruyen, las chocan. Crean música con las piedras de una manera genial que se combina con la sonoridad de la piedra que tiene detrás el músico. Una consistencia sonora espectacular.
Arrojan las piedras y el polvo que desprenden forma pequeñas nubes que se esfuman. Derrumbe de la montaña de piedras. El halo las rodea, las envuelve. Sonidos de páramo. Lejanía, soledad.
En esos estados de caza o cortejo que se arman desde el movimiento de esta tribu femenina, cada intérprete despliega su potencial.

Se construye una obra de danza performática, en el sentido de performance como algo que “subraya la importancia del cuerpo y de la acción como factores esenciales en la interacción del hombre con el mundo” (Cornago Bernal, 2004). Los pasos de danza se cuelan estilizados entre los pasos cotidianos.
Todo está en escena en función de relatar de alguna manera la experiencia de esa “apropiación contemporánea y bastarda de los viajes que D. F Sarmiento realizó durante el siglo XIX” que hace la autora, Marina Sarmiento.
Por eso, la propuesta muestra lo bestial de las campañas de exterminio en nombre de la civilización, encarnado además, en cuerpos femeninos que resemantizan esa lucha en las demandas cotidianas y presentes por el lugar de la mujer, de lo femenino, en una sociedad patriarcal y machista.
Como conclusión, la dramaturgia despliega cierto desencanto frente a lo humano, nos lleva a pensar cuál será la construcción posible. Frente a una pieza plagada de instancias catárticas, dejar atragantada la respuesta, empuja a buscarla en el mundo, fuera de la ficción.

Qué: Los viajes de Sarmiento
Quién: Idea, Coreografía y Dirección: Marina Sarmiento.- Intérpretes: Florencia Bergallo, Cecilia Blanco, Eugenia Roces, Marina Sarmiento.- Iluminación: Gonzalo Córdova.- Diseño de vestuario: Belén Parra.- Música y Diseño sonoro: Ezequiel Abregú.- Fotografía: Marcos Crapa.- Diseño gráfico: Martín Molinaro.- Asistencia artística y Asesoramiento: Julieta Benedetto, Natalia Lerussi.- Coaching De Baile: Nicolás Delavanso.- Asistencia general: Julieta Benedetto, Eugenia Roces.- Asistente de sonido: Leandro Exequiel Sosa Redchuck.- Asistencia de dirección: Eugenia Roces.- Producción ejecutiva: Julieta Benedetto.- Producción general: Cooperativa Los Viajes De Sarmiento.- Dramaturgista: Ezequiel Steinman.- Colaboración coreográfica: Débora Diskin.-


lunes, 27 de febrero de 2017

CARIÑO

En la sala la gente se acumula para ver esta nueva versión de la obra que dirige Mayra Bonard, con otros intérpretes que le dan media vuelta a los sentidos. El público oscila entre varias generaciones, tal es el poder que convoca.
La invitación a entrar en la dimensión del cariño es la misma frase de Clarice Lispector que daba la bienvenida en la gacetilla anterior. “Si recibo un regalo hecho con cariño por una persona que no quiero… ¿Cómo se llama lo que siento?”
Al comienzo vemos a tres jóvenes echados en el pasto. La única mujer entre ambos se articula como el eje del placer, si bien seduce con cierta indiferencia. Ellos compiten por ella, por demostrarle algo, como lo harían dos animales machos de alguna especie por la hembra en celo.
La relación con el otro se dispara desde el relato de un texto y sucede por antropofagia con una gallina, símbolo de fertilidad y maternidad. Una maternidad que engulle al otro, que se une devorándolo, que incorpora así el objeto amado.
De alguna manera, esto está presente en el corazón de la dramaturgia de la obra: el amor ligado al dolor.
También juega con un erotismo devorador animal que roza esa sensualidad salvaje de la chancha[1] a la que Mayra Bonard le puso más que el cuerpo hace ya mucho tiempo.
Ahora nos encontramos en un espacio artificial pero que emula a la naturaleza. ¿Será ese paisaje una premonición de un futuro no demasiado feliz en el que el amor se licua en medio del pasto de plástico? Lo cierto es que más allá de la escenografía y la iluminación que crean esas atmósferas cinematográficas, el protagonismo está en los cuerpos y las voces.
Ella cuelga papeles como ropa, como notas a secar, como apuntes para recordar algo más adelante. Ellos quieren conquistarla sin conseguirlo. Pero la puesta en escena de sus vínculos se desarrolla encontrando maneras de relacionarse. Son niños, son amantes, son hermanos, son amigos. Son actores, performers, bailarines, son personas, son cuerpos que despliegan su carnadura en acciones.
Alternativas que oscilan siempre en la tríada, en ese desequilibrio del tres que es a su vez, padre, madre e hijo.  El corte no existe y lo promiscuo no es un juicio valedero. El autoerotismo aparece para que la satisfacción se concrete de alguna manera, para no hundirse en el vacío de la ausencia del otro.

Las acciones transcurren entre danza, canciones, textos, música. En esa puesta fotográfica, el despliegue de los intérpretes se desarrolla evadiendo definiciones cerradas. La propuesta despliega, como performance, como acto escénico, sensaciones y metáforas, en las que el amor, la perversión y el erotismo están cubiertos de un halo de dolor que nos trae a la realidad de la vida.
A esa oscuridad necesaria para poder ver las estrellas.
Qué: Cariños
Quién: Autoría: Mayra Bonard, Victoria Carambat, Federico Fernández Wagner, Ignacio Monna.- Idea y Dirección: Mayra Bonard.- Intérpretes: Federico Fontan, Damián Malvacio, Rocío Mercado.- Vestuario: Cecilia Alassia.- Escenografía: Luciano Stechina.- Diseño de luces: Gonzalo Córdova.- Canciones: Diego Frenkel.- Música: Jane Birkin, Villa Diamante, Von Sudenfed, Diego Vainer.- Fotografía: Robert Bonomo.- Asistencia de dirección: Paula Palomo.- Producción: Marlene Nordlinger.- Colaboración artística: Ezequiel Matzkin.- Dirección vocal: Diego Frenkel.-




[1] Escena de la obra Todos contentos, del grupo de danza independiente  El Descueve, del que Bonard fue integrante fundadora.

lunes, 20 de febrero de 2017

ESTADO DE TRÁFICO


La aventura propuesta en esta experiencia tiene la particularidad de que invita transitar en medio de un tráfico humano. Ser parte de y dejarse atravesar por el mismo. Tratar de compartir aquello que circula en, desde, entre, una masa nunca uniforme conformada por un grupo heterogéneo de personas. Ellos son quienes construyen un estado donde la multiplicidad de cuerpos se expresa.  Allí se produce el sostenimiento colectivo de un estado no cómodo. Equilibrios frágiles que se buscan en grupo. Pequeñas comunicaciones físicas. Contacto ínfimo, celular. Vibraciones corporales y vibraciones sonoras de la música que mueven la piel.
Mientras esto sucede en planos tan diversos como el físico, energético, afectivo, psíquico, el público rodea el espacio escénico y puede circular por él, participando como un observador activo que elige y decide sobre su punto de vista. Esta especie de visión en 360 grados permite tener una mayor amplitud de la experiencia además de ubicar al espectador en un rol donde tiene que tomar decisiones acerca de su recorte visual.
El director se encuentra presente también en esos diversos planos. Observa e interviene desde afuera acercándose al oído de algunos. No se oye lo que dice, ni si efectivamente dice alguna palabra, ni se vislumbra claramente si se modifica algo en el receptor. Puede ser un misterio. Puede ser parte de la ficción que se construye.
Entre los bailarines performers hay sacudidas, retenciones, contención y desborde de energía. Se modifican entre sí. Se espejan, empatizan, toman los materiales de movimiento de unos y los transmiten a otros. Se contagian y multiplican como micro neuronas en plena sinapsis.
La música que se oye es movilizante, aparece y desaparece generando atmósferas imaginarias que pueden trasladar al espectador hacia varios presentes paralelos.
Suspensiones del tiempo, ralentis y aceleraciones compulsivas, producen una temporalidad dilatada.Como si fuera un  pasaje a otro estado, un estar siendo en el tiempo presente de la vida, en el aquí y ahora de la existencia, que se traslada hacia un lugar desconocido. Y lo hace en grupo.
Es un laboratorio gigante donde sucede una especie de saturación de lo humano. Y pese a todo, hay un sostenimiento colectivo efectivo. 

El suelo negro de encastre se levanta como el asfalto durante una hecatombe. Se mueve, se quiebra, es despegado por algunos que lo reorganizan, lo ordenan.
Se sobreponen los límites en estos cuerpos cotidianos que adoptan una actitud extra cotidiana colectiva, que afrontan desde su corporalidad sensible la embestida de una realidad que pretende desarmarlos, vaciarlos, desestructurarlos, desideologizarlos.
Pero la sinergia del grupo propone una mirada que apuesta a la suma de estas singularidades en un mar de generalidad colectiva, potente, contagiosa, como un tráfico permanente de vitalidad.

Qué: Estado de tráfico
Quién: Grupo de investigación compuesto por distintos profesionales (de la danza y otros) que investigan juntos desde 2013 en lo que fue un taller de entrenamiento físico, conformando desde 2015 un grupo permanente de experimentación en danza, con una perspectiva transdisciplinar.  Bailarines: Gisela Baiardo, Cecilia Bazan, Camille Belmont, Luciana Bennardis, Pablo Clerici, Lia Comaleras, Valentín Córdoba, Pablo Ferraro, Andi García Strauss, Brenda Gatica, Christian Gonzalez, Amparo González Sola, Pablo Kun Castro, Emiliano Larea, Mariano López, Paula Pichersky, Flavia Racconto, Francisca Rivero, Marcela Rovello, Esteban Rubinstein, Marcela Saino Michan, Antonela Santecchia, Juan Schnitman, Julieta Tarraf, Bernardo Vitta, Mónica Zwaig.- Diálogo Coreográfico: Claudia Ganquín.- Música: Jorge Haro.- Intervención Transdisciplinar: Andrea Manso Hofman.- Fotografía: Sebastián Arpesella.- Asesoramiento de iluminación: Matías Sendón.- Asesoramiento de vestuario: Belén Parra.- Coreografía y Dirección: Juan Onofri Barbato.-


martes, 29 de noviembre de 2016

sábado, 3 de septiembre de 2016

BAILÁ, VENÍ, VOLÁ

La propuesta combina elementos del tango, la danza, el teatro y el audiovisual. Recursos que utiliza para contar una historia de amor frustrado pero intenso en una pareja.
Empieza con un video donde un hombre atraviesa una ventana para entrar en lo que parece una casa abandonada. Allí hay un maniquí con un vestido de novia al que el hombre empieza a coserle una rosa.
La atención salta al escenario donde vemos un maniquí como parte de la escenografía, luego una pareja baila tango y el hombre arranca rosas del vestido de la mujer.
Vuelve al video donde el protagonista da de comer una cuerda al maniquí ¿está loco? Es una posibilidad frente al abandono de amor sufrido. Esto da pie para que en la escena veamos después a la pareja interactuando con una soga. Bailan atados mientras se oyen fragmentos de letras de tango.
Así va transcurriendo la obra jugando con los tiempos entre la presencia de los bailarines, que remite al pasado en la historia, y el relato audiovisual que refiere al presente ficcional.
Una idea muy interesante donde el desarrollo del argumento y la edición en el video , por momentos, dispersan y quitan un poco de tensión en la escena, más allá de la interpretación del actor, que se juega en cada situación.
En el escenario, vemos distintos elementos que tienen suficiente fuerza metafórica para crear poesía entre esos dos cuerpos que se debaten en el amor, entre la posesión, las ataduras, los celos y la dificultad para dar libertad, dejar volar al otro sin apresarlo.
La pareja de bailarines exprime con mucha creatividad los símbolos de la relación, desarrollando bellas secuencias de danza que tienen potencia poética. Se ve una sólida pareja.
Ellos dialogan y los tiempos parecen cruzarse en el transcurso mismo de las coreografías, hasta el punto de traspasar el pasado para arribar a un posible presente.

Qué: Bailá, vení , volá
Quién: Intérpretes: Hugo Daniel Gómez, Hugo Mastrolorenzo, Agustina Vignau.- Vestuario: GlorIa Bermudez, MIguel Mancera.- Edición musical: Osky WaVemaster.- Audiovisuales: Javier Alitto.- Fotografía: MIhoko Sakata.- Asistencia general: Debora Mastrolorenzo.- Prensa:Laura Castillo.- Producción general: Hugo Mastrolorenzo, Agustina Vignau.- Coreografía y Dirección: Hugo Mastrolorenzo.- Web: http://hugomastrolorenzo.wix.com/bailavenivola
Dónde: EL GALPÓN DE GUEVARA Guevara 326 Teléfonos: 4554-9877
Cuándo: Sábado - 19:00 hs - 03/09/2016

Entrada: $ 200,00 -

sábado, 27 de agosto de 2016

ANATOMÍA DE UNA RELACIÓN

"EL blanco es el cuerpo, la carta geográfica de los puntos débiles", postula la gacetilla de la obra, en una frase que habla ya de una corporalidad posible.
El vínculo que plantea la propuesta es de a dos, y el viaje por esa anatomía va a sumergirse en los músculos, tendones, huesos, de esa relación.
La sala abierta recibe al público con el protagonista masculino invitando a entrar en el espacio como un ofrecimiento a espiar en su mundo. Está parado con un hueso de fémur en la mano, nos pide apagar los celulares y asegura que ella está bien, refiriéndose a la bailarina por su nombre real, y cruzando las barreras entre la fantasía escénica y la realidad del mundo exterior.
Hojas secas cubren los bordes del espacio. Atrás se ve proyectado un paisaje campestre. La silueta de ella está recortada sobre el campo, iluminada apenas por una luz tenue. Un bloque de heno le da continuidad al paisaje virtual. El marco para la relación es un ambiente bucólico.
Al principio se puede observar claramente que cada uno está en su mundo, en sus percepciones corporales, sus pequeños e íntimos movimientos. Las expresiones del hombre son sonoras, la mujer es silenciosa, y es una diferencia en el tono y carácter de cada uno, que va ir modificándose.
Se produce el encuentro desde el movimiento en el espacio. Juntos de la mano, observan el paisaje, como dos caminantes en la vida. Hay danza y simultaneidad, hay juego y expresividad.
En un simple contacto, un signo apenas, se produce el desencuentro. Las manos que se buscan en tiempos diferidos y no coinciden.
La danza compartida se parte. Surgen imágenes cruzadas, desde el movimiento corporal, entre el símbolo del deseo, de lo prohibido, el sometimiento, el maltrato, los apoyos asfixiantes y las actitudes maternales. Se rompe la armonía. El daño está hecho.
Todo lo que atraviesa la mente como fantasía, puede materializarse en la escena. En el fondo, es ficción.  Por eso, uno puede matar al otro, así como sin querer, como algo que tenía que suceder. Puede destruirlo, abrazarlo, o cubrirlo de diarios, puede dejarlo abandonado o volver, hablarle, cantarle, romperle la cabeza.
Pero ojo, es un juego, ella está bien. Por eso, puede volver a la sonar música, y se puede producir nuevamente el encuentro, la simultaneidad en el movimiento, la coincidencia.
Juntos y risueños danzan, observando el recorrido realizado, los paisajes, esa anatomía del vínculo construido. Porque las relaciones se construyen y también se pueden deconstruir y reconstruir. Y la escena permite jugar con el tiempo yendo y viniendo entre los imposibles y los verosímiles. Permite saltos y re comienzos, muertes y renacimientos. Permite atravesar todo aquello que la vida, por su ser en la linealidad del tiempo, no nos deja desarmar.
Apoyados, uno sobre el otro, como dos seres entrelazados que se sostienen, se deslizan hacia el final.

Qué: Anatomía de una relación
Quién: Coreografía e interpretación: Jorge Martínez, Gabriela Prado.- Diseño de escenografía: Alicia Leloutre.- Diseño de luces: Matías Sendón.- Diseño De Sonido: Gustavo Lucero.- Fotografía: Ana Carolina Naranjo Rojo.- Dibujos: Érica Santamarina.- Asistencia general: Mailen Briatore, Rodrigo Pedrosa.- Duración: 50 minutos. Web: https://www.facebook.com/anatomiadeunarelacion
Dónde: EL CAMARÍN DE LAS MUSAS Mario Bravo 960  Reservas: 4862-0655
Cuándo: Domingos 20 hs (hasta el 28/8). A partir de septiembre: Jueves – 21:30 hs

Entrada: $ 180,00 / $ 130,00 –