sábado, 10 de febrero de 2018

DASHUA

Dashua, la palabra que da nombre a esta pieza, desconcierta. Parece un invento que suena a conocido sin que uno pueda apresar su significado. Palabra que roza ese lugar familiar y extraño al mismo tiempo.
El escenario donde se despliega es un fondo oscuro, nublado, cuya puesta revela una especie de laberinto espacial con aberturas secretas, como un lugar inventado que puede ser todos y ninguno.
La iluminación genera situaciones internas y externas que alternan entre la penumbra y las horas de luz, pasando también por la oscuridad total que en apenas un instante pasa por corte directo a la siguiente escena.
Hay dos seres y entre ellos se percibe una relación amorosa conflictiva, con idas y vueltas entre situaciones de tensión, crueldad y destellos de cariño. Parece haber un estado de opresión, tal vez un abuso, pero todo es confuso. También un desdoblamiento del oprimido en opresor. Un juego perverso en la violencia que se ejerce vinculada a lo militar, o a cierta jerarquía, puede ser del ámbito de lo inconsciente,  de lo familiar, de lo histórico, de lo humano.
Las escenas aluden a situaciones dramáticas no delimitadas a un solo sentido. Las metáforas abundan entre un él y una ella, entre el color azul, el rojo, el negro. Colores primarios y firmes que dan pie a relaciones en el universo del espectador. Colores que sobresalen en la película en blanco y negro que pinta la pieza.
La mujer y los aspectos de lo femenino se desarrollan con afecto, un aro en la oreja basta para aludir a este aspecto de cierta coquetería que se juega, sin embargo, frente a un espejo deformante. La necesidad de amor flota como un anhelo nunca cumplido.
Cajas que se abren, puertas que se cierran, escaleras que bajan, baúles con secretos, espacios que se abren hacia un afuera prohibido, nunca visto con claridad.
La atmósfera respira violencia, oscuridad y opresión, generados por contrastes lumínicos que son uno de los puntos fuertes de la propuesta.
Parece una historia antigua como el hombre, que uno siente cercana sin poder cerrar su sentido con definiciones claras pero que sí puede relacionar a la opresión, la perversión, la violencia.
Estos seres que además se multiplican como si fuera un efecto visual cinematográfico, se expresan en una lengua extraña. El hecho que hablen en un idioma desconocido es otro punto fuerte de la pieza, que lleva al espectador a transitar una experiencia más allá de la idea clásica de conflicto, personajes, diálogo, inicio, desarrollo y final que propone una obra teatral convencional.
Este teatro es fuertemente físico, visual, emotivo.
Es un teatro de sensaciones con una plasticidad pictórica muy afinada desde la iluminación, un protagónico fuerte en las obras de Omar Pacheco.


Qué: Dashua
Quién: Idea, guion, diseño de luces y dirección: Omar Pacheco.- Actuación: María Centurión, Valentín Mederos.- Vestuario: Ivana Noel Clará, Lucía Pablo.- Realización de objetos y maquinaria: Hernán Alegre, Kaio De Almeida.- Video: Daniel Gómez, Fabian Pettine.- Operación de luces: Ivana Noel Clará, Agustina Miguel.- Operación de sonido: Samanta Iozzo.-
Dónde: LA OTRA ORILLA Gral Urquiza 124 Reservas: 49575083 / 1140711657
Web: http://www.teatroinestable.com Duración: 55 minutos
Cuándo: Lunes y Sábado - 21:00 hs 

EL BAILE

Como toda obra de danza, esta presentación tuvo también un paso fugaz, pero en este caso fue por el flamante Teatro San Martín y como resultado de una co-producción entre Francia (Le Quai Centro de Arte Dramático Nacional Angers) y Argentina (Complejo Teatral de Buenos Aires).
La directora e ideóloga de la propuesta en sí es Mathilde Monnier, una figura destacada de la danza contemporánea francesa que dirige desde 2014 el Centro Nacional de la Danza en Pantin, cerca de París, y que tiene en su haber la realización de trabajos junto a artistas de otras disciplinas.
En esta oportunidad, Monnier se inspiró en la obra teatral homónima de Jean-Claude Penchenat, sobre la que se basó Ettore Scola para crear la célebre película también titulada El baile. En el film, se ve el paso del tiempo y sus convulsiones políticas y sociales a través de los cambios que se producen en el salón, en el vestuario, en las acciones y relaciones entre los intérpretes. Así se desarrolla un recorrido por la historia de Francia a través del movimiento, la gestualidad y la danza, sin una sola palabra que atraviese la escena.
En la coproducción danzada que se presentó en Buenos Aires, se apuesta a la expresividad de los cuerpos para construir una ecléctica y variada pieza coreográfica que intenta relatar -o al menos, aludir a - fragmentos de la historia reciente argentina, entre la dictadura y el presente, desde la danza y la música.
Llevar adelante tal peripecia puede traernos el interrogante de por qué fue convocada una mirada externa para narrar lo propio. ¿Tal vez para que existiera la distancia posible para ser abordada? ¿Quizás porque aún estamos muy dentro de esa historia como para que sea elaborada y puesta en escena? ¿O es el temor de tocar con mirada crítica –o autocrítica- lo propio, en un momento de tanta convulsión?
La realidad es que en escena pudieron verse un grupo de intérpretes argentinos que pusieron el cuerpo para intentar contar de una manera no lineal, pero sí bien apoyada en la música propia, esa historia que tanto nos conmueve.
El comienzo de la obra fue como un desfile de individualidades donde cada uno se iba “presentando” en su manera de caminar y de mirar al espacio y al público. Como una entrada a un gran salón de baile en el que cada uno se ubica en su silla antes de dar inicio al baile en sí.
Los recorridos musicales que acompañan esta construcción de la historia navegan por distintos estilos. Cumbia, hip hop, reggeaton, cuarteto, chamamé, murga, zamba, chacarera, tango, rock nacional y hasta himnos escolares. Casi todo lo que puede componer el pastiche musical de un argentino.  
Hay escenas creadas como si fueran cuadros de Molina Campos. Con guitarra y payada, además de los sonidos de animales de campo de fondo, arman un pasaje por el folclore nativo más “del interior”.
Tampoco olvida tocar esas canciones que rememoran la escolaridad militarizada argentina donde los himnos patrios suenan como bandas militares. Allí juega con el mundo infantil de una primaria blanca como Sarmiento soñó.
Así pasa, en otro cuadro, por  una evocación del universo “cumbiero” y dibuja ese intento de seducción parodiada donde, mirando al público, los intérpretes se quitan la ropa, como si se miraran en un espejo y ensayaran movimientos para algún baile.
El rock nacional de los ’80 grita presente con varios temas reconocidos por el argentino local que ponen efervescencia en la sala. Luego un fondo de helicópteros y bombardeos donde un malambo dictatorial mezcla las represiones militares con el futbol y el neoliberalismo de los ’90, resuenan tristemente y la platea se agazapa junto a los bailarines.
Los cuerpos tienen sus momentos gloriosos. Explotan en la murga, el carnaval, la fiesta popular. O se devanean sensualmente con un tango montado a lo “Pina Bausch” que deliciosamente recorre el salón uniendo a todos en un dos por cuatro infinito.
No cabe duda de la capacidad de los intérpretes.
Asoma en esta propuesta un atisbo de lo que podríamos llamar “lo popular”, en el sentido de lo excluido, en tensión con una idea de lo masivo. Aparece desde la selección musical y también se reafirma desde el modo, el gesto corporal. Allí se observa una especie de gestus brechtiano congelado. Una gestualidad acentuada, que construye un personaje pero lo petrifica como una caricatura.
Los intérpretes despliegan sólo parte de su potencial dejando ver en sus actitudes corporales una especie de burla de sí mismos. Como si estuvieran presentes pero a la vez tomaran distancia de lo que hacen sin constituirse este hecho en distancia crítica, solo despegándose de ellos mismos, como cuando uno no quiere hacerse cargo. Hay algo ausente en ellos que termina construyendo una obra performática llena de clichés.
Más allá de cuáles hayan sido las intenciones iniciales respecto a la propuesta, lo cierto es que se escuchan chirriar los engranajes.
Si bien la obra se digiere sin densidad, surge la pregunta acerca de cómo proponer una mirada crítica desde una puesta escénica de “lo argentino” dirigido por una coreógrafa francesa, que si bien fue asesorada, no deja de pintar una “argentinidad” externa, una mirada sobre la historia propia desde el lugar del otro. Una propuesta que puede entretener mucho en Europa.

Qué: El baile
Quién: Concepción: Mathilde Monnier y Alan Pauls.- Dirección: Mathilde Monnier. Interpretación: Martín Gil, Lucas Lagomarsino, Samanta Leder, Pablo Lugones, Ari Lutzker, Carmen Pereiro Numer, Valeria Polorena, Lucía García Pulles, Celia Argüello Rena, Delfina Thiel, Florencia Vecino y Daniel Wendler. – Dramaturgia: Véronique Timsit.- Escenografía y vestuario: Annie Tolleter.- Diseño de iluminación: Eric Wurtz.- Diseño sonoro: Olivier Renouf.- Asesor musical: Sergio Pujol.- Entrenamiento vocal: Bárbara Togander, Daniel Wendler.- Asistencia coreográfica: Marie Bardet.- Asistencia de ensayo en gira: Corinne García.- Colaboración artística: Anne Fontanesi.- Difusión internacional: Julie Le Gall.- Producción y colaboración artística: Nicolás Roux.- Coordinación de producción: Natalia Uccello.- Producción técnica: Emilia Martínez Domina.- Asistencia de dirección: Tamara Correa, Leo Méndez.-

Dónde: Teatro San Martín.-  Corrientes 1531

PALÍNDROMA

“Un palíndromo (del griego palin dromein, volver a ir atrás), también llamado palindromo, palíndroma o palindroma, es una palabra, número o frase que se lee igual adelante que atrás.”
Con el título algo se avizora, sin embargo, no logra apaciguar la intriga de lo que se verá.
Ella entra en penumbras mientras un foco por la pared la busca, la sigue. Un foco que es como una luna llena ascendiendo desde el suelo hasta el cielo.
Busca, no encuentra y vuelve. Se deslizan juntas la luz y la bailarina. Ella y sus dos sombras.
Así comienza un recorrido que es como una escritura espontánea, del momento.
Observa el espacio, hoja en blanco donde sus movimientos irán trazando una grafía.
Los tonos verdes en el vestuario se escurren en la luz plana que cubre ahora la sala. Ella mira, piensa, calcula, se desplaza. Con la cinta de pintor traza y une líneas hasta armar un diagrama en el suelo plagado de señales. El espectador observa atento, ¿serán las marcas de un recorrido, de un inicio, de un final?
Como si fuera la señalización visible de una danza invisible pero real, avanza y retrocede por los caminos trazados, los fija, los apresa y los repite.
Quedan grabados en la cinta de su memoria que ahora le posibilita rebobinar, volver atrás, pausar, detenerse, corregir, retomar.
Juega con la danza como si fuera una filmación, una película con un guion escrito sobre el que montar y desmontar, probar y cortar, avanzar y repetir.  
Toda una constelación personal entre lo que trazan sus movimientos y las marcas en el recorrido. Como en la vida, lo que uno transita y repite, el ir y venir por un trayecto para aprenderlo, incorporarlo. También la cristalización de lo conocido, la costumbre, el encierro en el mismo interminable circuito.
Danza como reconocimiento y desconocimiento, como un sueño donde la intérprete viaja sonámbula junto al desplazamiento de su sombra, de lo otro de sí misma, donde se conjura para librarse de lo que la hace ser. ¿Cómo desandar la experiencia de un cuerpo? ¿Cómo exorcizarse una misma?
Este palíndromo nombrado en femenino se empodera y se construye cual trance esclarecedor, para desplegar la pregunta sobre la capacidad o incapacidad de re escritura de las cosas a través de un cuerpo que crea más que una danza, una vida.

Qué: Palíndroma
Quién: Idea y Dirección: Margarita Molfino, William Prociuk.- Coreografía e interpretación: Margarita Molfino.- Vestuario: Maria Gonzalez.- Diseño de luces: Matías Sendón.- Música original: Martín Bosa.- Operación de luces: Sebastián Francia, Leandro Orellano.- Fotografía: Lucas Boll, Gisela Filc.- Diseño gráfico: Leonor Barreiro.- Asistencia general: Delfina Dotti.- Asistencia De Escenas: Debora Zanolli.- Colaboración artística: Agustina Muñoz.- Duración: 50 minutos.-
Dónde: ESPACIO CALLEJÓN Humahuaca 3759 Teléfonos: 4862-1167

Web: http://espaciocallejon.com/