![]()
| ||||||||||||
|
miércoles, 2 de octubre de 2019
DA DA DANZA
miércoles, 4 de septiembre de 2019
4MPUS
Estos cuatro movimientos
para una sinfonía invitan a entrar en una propuesta múltiple. Dividida en
partes, como la composición musical, la puesta escénica es una invitación a un banquete gastronómico y corporal.
La escena muestra una mesa como
objeto protagonista, como lugar que nuclea a las personas y que suele ser
centro de reunión, centro de la sala o centro de la cocina, del espacio que contiene
el fuego del hogar.
Sobre esta mesa, los
manjares se preparan para comer, para nutrir, para ser incorporados. Pero la
nutrición es un acto que excede a la comida y se cuela entre sentidos que abarcan
todo lo que puede alimentarnos como personas.
Se combina en
escena el erotismo, la sensualidad, el amor y los aspectos más carnales y
cotidianos, en un vínculo que inmediatamente une a los intérpretes en una relación
de pareja. Lo hace mediante diferentes formatos como proyecciones de video,
música electrónica en vivo, instalación, performance y danza.
Los intérpretes juegan con
sus cuerpos en un movimiento donde la sangre y la carne pueden simbolizar tanto
la comida que se engulle como el otro a quien se quiere. Porque en el extremo inconsciente del
amor, aquello que se ama, aquello que nutre, se desea incorporar.
El hecho de comer y beber se
comparte en una fiesta que invita al espectador, partícipe de ese convivio en
el que se piensan las relaciones afectivas y humanas.
La música disparada en vivo
y los recursos utilizados dinamizan un desarrollo sinfónico que no tiene pausa
ni deja pasivo al público, incorporado también en el banquete.
La escena plantea un intercambio
activo, la teatralidad es un festejo, la obra –como el amor- es una fiesta.
Qué: 4MPUS
Quién: Dirección e
Interpretación: Matthieu Perpoint, Agustina Sario.- Iluminación: Adrian
Grimozzi.- Video: Joaquin Wall.- Música: Matthieu Perpoint, Demián Velazco
Rochwerger.- Sonido: Federico Spinelli.- Diseño: Leandro Egido.- Comunicación y
Prensa: Cecilia Gamboa.- Asesoramiento estético: Fabiana Barreda, Andrea
Saltzman.-
Dónde: ESPACIO
CALLEJÓN Humahuaca 3759 Teléfonos:
4862-1167
Cuándo: Viernes - 22:15 hs - 06/09/2019
Este espectáculo forma parte
del evento: Festival Callejón
miércoles, 17 de julio de 2019
LA TRAMPA DEL PARAÍSO PERDIDO
El término paraíso proviene
del persa pairi-daéso, que significa
“un jardín o huerto cercado por un muro”; en el griego profano denomina aquellos
jardines que rodeaban los sepulcros, y en el Génesis, refiere al lugar de
felicidad que el hombre ha perdido. Si unimos esto, podríamos pensar al paraíso
como un espacio feliz vinculado con el inicio pero también con el final, una
denominación de aquella zona a la vez temporal, que albergaría el origen y el destino.
Aquí llegamos para aludir a
un lugar ideal, no ubicable en la realidad mundana, que el ser humano estaría
anhelando durante la duración de su existencia, y al que desearía regresar.
Paneles plateados, frutas en
el suelo y una parcela de una especie de pasto artificial en un rincón, bastan
para emular cierta construcción de aquel paraíso bíblico.
Allí, una mujer, apenas
cubierta en algunas partes de su cuerpo, como una muñeca robot, cuya estética y
movimientos recuerdan a la replicante de Blade Runner. La vemos caminar con
movimientos entrecortados, articulados. Hay algo de animal que se conjuga con
lo robótico, como si se tratara de un clon extraño que mezclara genes con cibernética.
Se oyen latidos que parecen del
corazón de un bebe, también gritos, un sonido ambiente, acuoso, uterino.
La mujer se multiplica, se
reproduce, como un caleidoscopio de sí misma, en tres gracias de venus. Las diosas
del hechizo, la alegría y la belleza, las encargadas mitológicas de que reine
el placer.
Pero aquí el placer sensual de
los movimientos de las intérpretes se tensiona con las sacudidas casi
vibratorias, que conjugan el tic nervioso con la lentitud.
Son tres seres vestidos con
tiras negras que lucen cierta estética sado, al estilo bondage, con zapatos de
taco bien alto donde se juega la inestabilidad a la par de lo deforme, pero
teñido de erotismo.
La monstruosidad está
presente en una producción donde el trío se equilibra poniendo a Eros y Tánatos
en las manos de la danza. La gestualidad señala espacios de arriba y abajo,
como si marcaran lugares posibles ¿para estar, para ser, el espacio adónde ir?
A tientas buscan dónde es el
lugar, como si la danza recordara esa imposibilidad de regresar al tan añorado
origen. Así se ven estas figuras vagando, entre la luz y la sombra, entre el
infierno y el paraíso, entre la ficción, la realidad y lo real, en un fade out
que las silencia.
Bailando la danza de la vida.
Bailando en la trampa para
no caer (en ella).
Qué: La trampa del paraíso
perdido
Quién: Intérpretes: Popi
Cabrera, Malena Giaquinta, Rhea Volij.- Vestuario: Silvia Zavaglia.-
Escenografía: Sandra Iurcovich.- Iluminación: Matías Sendón.- Maquillaje:
Silvia Zavaglia.- Música: Patricio Diego Suárez.- Diseño gráfico: El Sike.-
Asistencia de dirección y Asistencia general: Rocío Celeste Reyna.- Coreografía
y Dirección: Patricio Diego Suárez, Rhea Volij.- Producción: Carlota Berzal.- Prensa: Simkin & Franco.- Duración: 48
minutos
Dónde: CENTRO CULTURAL DE LA
COOPERACIÓN Corrientes 1543 Teléfonos: 5077-8000 int 8313 Web: http://www.centrocultural.coop
Cuándo: Jueves - 20:30 hs -
Hasta el 18/07/2019
lunes, 1 de julio de 2019
LA IRA DE LAS SIRENAS
En un espacio que
parece en ruinas hay dos seres sentades
de espaldas en el suelo y en pose, cual majas desnudas. Realizan movimientos
lentos con la misma parsimonia como si estuvieran bajo el agua, en un ralentí
fílmico o flotando en la inmensidad del espacio. Como si el aire fuera denso, como
si tuvieran que atravesar mercurio, generan un mundo paralelo de seducción y
destrucción.
Estos seres,
similares a personajes subacuáticos, se podrían identificar con unas sirenas si
los vinculamos directamente con el título de la obra.
Las sirenas no tienen
buena prensa en la mitología. Figuras que engañan a los marineros con su canto
para luego arrastrarlos a las profundidades marinas, mitad humanas, mitad pez.
E incluso, se lee por ahí que poseían alas que les fueron arrancadas al perder
uno de esos concursos divinos del panteón griego.
En el presente post
industrial, estas sirenas están llenas de ira. Lo expresan tanto con la actitud
corporal como con la gestualidad exagerada del rostro.
Sus movimientos
desprenden cierta deformidad que se ve acrecentada entre las sombras sostenidas
y las luces titilantes. Danzan su mundo en un ambiente sórdido que podría ser el
fondo del océano, un frigorífico o un depósito, donde el verdín mohoso de las
paredes multiplica las sombras en paralelismos corporales.
La música acompaña, en
un in crescendo, esa especie de
estado mental en el que los dos intérpretes sumergen al espectador. Yendo del
clima noise, hacia las melodías más
suaves que contrastan con la gestualidad extrañada de los cuerpos.
La deformidad corporal
aparece también en el juego con el vestuario, donde quitarse la ropa puede
emular una transformación, una transmutación, un cambio de naturaleza. Como un
rito de pasaje, salirse de una piel para ser otra.
¿Ser sirena iracunda
implicaría la rebelión de un ser incomprendido y menospreciado que ahora se
alza estirando los límites de su propio espacio vital?
Que la experiencia en
el convivio de la escena cierre o sostenga la pregunta.
Qué: La ira de las
sirenas
Quién: Autoría y
dirección: María Kuhmichel.- Intérpretes: Federice Moreno Vieyra, Matias
Rebossio.- Vestuario: Soynanasoy.- Diseño de luces: Omar Possemato.- Música
original: Pablo Bursztyn.- Fotografía: Paola Evelina.- Diseño
gráfico: Julieta Vela.- Asistencia de dirección: Florencia.- Agradecimientos: Magali
del Hoyo, Martín Gil.-
martes, 18 de junio de 2019
POLVAREDAL
Un pequeño grupo de mujeres con vestidos largos, en penumbras, es suficiente para que la imaginación de un público local pueda elucubrar aires de “lo nacional”. La pregunta que surge, entonces, es cómo se construye “lo nacional”.
Estas mujeres, como ánimas
criollas en pena rodeadas del humo de algún incendio bárbaro, se mueven entre
las sombras esbozando un relato histórico. Así avanza la tradición en procesión
y murmullos.
Un hombre sentado frente a
un piano en primer término toca canciones que generan una ambientación
autóctona, junto a una mujer extranjera que lo acompaña con un chelo.
Empieza la música, continúa
la escena, y con ella, la evocación de paisajes nacionales que se van dibujando
sobre un imaginario de canciones patrias, actos y manuales argentinos.
España se cuela en el
folclore propio y llora su vidalita flamenca. ¿Acaso la historia no se
construye entre retazos personales y ajenos?
Pero, ¿de quién es la
argentinidad? ¿Qué sería lo propio?
¿Cómo se construye lo nacional?
Desde la corporalidad, el
movimiento crea rondas, giros, una circularidad de mateada, de bailecito, de
chacarera. Un aro que se funde con el grito de “aro, aro, aro” previo a la
payada. Circularidad espectral que evoca también otras rondas ceremoniales con
aire de sacralidad derviche.
Esos cuerpos que danzan en
círculo se vuelven imagen fotográfica donde el Martín Fierro y Molina Campos se
cruzan y afloran en versión matriarcal, construyendo cuadros de guerreras,
luchadoras, gauchas, vencedoras o vencidas. Madres que lloran, amantes bravas,
mujeres poderosas.
Una patria herida y
sangrante entre Sarmiento y Juana Azurduy.
Una Matria que se abre
camino despacio y potente en el presente.
Qué: Polvaredal
Quién: Idea y Dirección:
Laura Figueiras, Carla Rímola.- Intérpretes: Bárbara Alonso, Noelia Meilerman,
Eugenia M. Roces, Marisa Villar, Natacha Visconti, Paola Yaconis.- Piano:
Santiago Torricelli.- Diseño de vestuario: Mariana Seropian.- Diseño de luces:
Claudio Del Bianco.- Realización de vestuario: Ester Caselli.- Violoncello:
Karmen Rencar.- Música: Santiago Torricelli.- Fotografía: Marie Garcia.- Diseño
gráfico: Rocío Bianchi, Mariana Fossatti.- Asistencia artística y Producción:
Laura Chidichimo Rinaldi.- Dramaturgista: Eugenia Cadús.- Asistencia de
iluminación: Martín Fernández Paponi.-
Dónde: Timbre 4 México 3554
Cuándo: Sábados de mayo - 22:30 hs -
miércoles, 12 de junio de 2019
NO ENVEJECEREMOS JUNTOS
En estos tiempos podemos
considerar casi una utopía el deseo de envejecer junto a alguien. Quizás para
los jóvenes que se encuentran entre la generación millennial y la Z, entre la frustración y la irreverencia (como los
caracterizan), no sea siquiera algo a considerar, o más bien no esté el deseo
de envejecer con alguien. No sabemos.
Aquí, estos bailarines toman
las pistas escénicas en una época donde la danza se expande desde la Generación
UNA/movimiento. Crecimiento feliz de jóvenes que danzan y elijen expresarse
desde el cuerpo. Otra forma de vivir, sensorial y presente. (Aunque realmente vivir
del arte continúe siendo una utopía)
Un grupo de aspecto informal
permanece al fondo de la escena mientras los espectadores se acomodan en el
espacio. Esperan atentos pero aparte. La
ambientación es actual, de aspecto jovial, vivaz.
Suena música electrónica, para
bailar. Un ritmo bien activo que recuerda la noche, la disco, la fiesta.
Improvisando sobre asuntos de
la danza, los movimientos se mezclan con los brillos en el vestuario y con esos
gestos mínimos donde el acto de mirar ocupa un lugar que subraya también las
dinámicas de aquellos espacios nocturnos de baile.
La empatía surge como una
forma de espejar el movimiento del otro y así poder construir una corporalidad
colectiva que empieza segmentándose en diversas tribus urbanas que confluyen en
distintos reagrupamientos.
En esas situaciones de danza
conviven el solo y el grupo en simultáneo, como en una improvisación musical.
Cada uno es su instrumento y tiene la posibilidad de unirse a la sonoridad
corporal del otro.
Se crean variadas
configuraciones espaciales en un continuum que produce una tensión entre el
agotamiento, el aguante y el cansancio, donde se ponen de relieve la transpiración,
la respiración, la agitación, los suspiros, el aparente silencio: toda la
fisicalidad de los intérpretes.
En esa dinámica de energías,
gestos, formas corporales y espaciales, aparece una especia de estado de trance
que surge al superar el cansancio. También asoman preguntas en relación a ese
movimiento ininterrumpido que sostiene toda la obra. ¿Hasta dónde resiste un
recurso? ¿Cuánto puede un cuerpo? (Algo que dialoga con la obra Coreomanía,
contemporánea de esta en su incansabilidad)
El ritmo de los cuerpos en
algún momento se detiene, dejando quizás al espectador con repentinas ganas de
bailar.
Qué: No envejeceremos juntos
Quién: Intérpretes: Ángeles
Piqué, Ignacio García Lizziero, Federico Pérez Gelardi, Lola Caniggia, Cielo
González Smith, Paula Cladirola, Paula Blanco, Flor Hart, Brenie Gora. - Concepto de vestuario: Florencia Mangini. -
Diseño gráfico: Julián Augusto Cánepa. - Fotografía: Xavier Martín y Paula González.
- DJ & Dirección: Lucas Cánepa. -
domingo, 12 de mayo de 2019
NOTAS PARA LA MONTAÑA
En la Sala Alberdi del
Cultural San Martín, varios objetos son dispuestos en la escena para que Quío
Binetti despliegue y transforme pensamientos en mundo. En co-dirección con
Gustavo Lesgart, quien suma el saber de su experiencia, un universo escénico se va creando en una
especie de canon que remite a cierta idea de apuntes, de notas para armar y
desarmar una idea de montaña.
Allí aparece el movimiento
cotidiano, como tarea, donde el cuerpo diseña el espacio a través de la disposición
de elementos, de una función precisa con los objetos. Es un cuerpo que relata
ocupado en relatar. En esa acción maneja la temporalidad con calma, con pausas,
con un tiempo que, en su despliegue, crea el espesor en el que la imaginación se
activa.
La escena compone un cuadro de montaña donde se evoca un paisaje frío, quizás un bosque nórdico, distante, lejano, en donde afloran cierta vulnerabilidad y soledad.
Esta imagen se proyecta como
una animación cinematográfica, para luego tomar cuerpo en la intérprete, gracias a una iluminación que colabora enormemente a imaginar desde una
perspectiva plástica.
Los objetos que intervienen no dejan de tener su carga simbólica generando situaciones de peligro, erotismo y fragilidad.
El cuerpo acciona e interviene
en movimiento, es un cuerpo que crea acontecimiento poético, crea teatralidad. En la plasticidad entre su cuerpo y los objetos, parece un animal en celo, un animal herido, un animal en peligro de extinción.
Por otro lado, la forma
triangular, que puede asociarse a la cumbre de montaña, está llena de significado en
la historia de las construcciones arquitectónicas. Se necesitan tres puntos de apoyo para sostenerse en equilibrio. El número 3, a su vez, simboliza el movimiento
continuo y la perfección de lo acabado. En la cultura medieval cristiana es el número
perfecto de la Trinidad.
Notas para la montaña es una construcción que se destruye y reconstruye a sí misma en la creación de una espesura visual poética.
Una invitación a detener el
tiempo en cada composición, mientras la imaginación se aviva.
Qué: Notas para la montaña
Quién: Creación y dirección:
Gustavo Lesgart / Quio Binetti.- Intérprete: Quio Binetti.- Música: Diego
Vainer.- Escenografía: Mariana Tirantte.- Vestuario: Cecilia Allassia.- Iluminación:
Paula Fraga.- Asistencia artística: Lucía García Pullés.- Asistencia de
producción: Andrea Vergel.- Fotos: Ariel Feldman.- Texto del programa: Jorge Zuzulich.-
Dónde: Centro Cultural San
Martín (sala Alberdi), Sarmiento 1551 piso 6.
Cuándo: Jueves y viernes 20.30.
Hasta fines de mayo.
Duración: 50 minutos
Notas para la montaña es una
co producción con el Cultural San Martín.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





