jueves, 23 de mayo de 2013

SOLOS AL BAILE


Una nueva sala en el espacio de El camarín de las musas abre sus puertas. En esa apertura parece haberse inspirado alguna musa para dar lugar a esta propuesta de Gabriela Prado.
Solos al baile es un título que sugiere soledad, en principio. Pero la idea del plural genera la esperanza del encuentro. Y el baile suena prometedor…
En esta cita en particular se ve, se siente, mucha danza. Un movimiento intenso que fluctúa por los cinco intérpretes dueños de la escena.
El bailar se proyecta en una interacción con el vestuario cuya elasticidad se presta al vaivén del cuerpo. Un movimiento de tejidos, como otra piel que se juega, que viste y conforma, que constituye y que también es imagen, elección, identificación.
A esta escenificación coreográfica se suman videos proyectados en el fondo, Imágenes que completan una escenografía sutil y sugerente. Dos objetos de dimensiones grandes, extraordinarias para su uso objetal, cuelgan de la pared proponiendo una ruptura con lo establecido, con la perspectiva, con cierta lógica visual de la proporción.
Imagen animada que juega con pollitos frutilla. O lo que su imaginación construya.
Relaciones múltiples en este quinteto de intérpretes.
Un conjunto de deseos, pasiones, intercambios, incomunicaciones, en lo grupal, en los dúos, en los tríos. En esas diferentes posibilidades de intercambio, de unión de pieles, de pasajes de pesos. Muchas formas de agruparse, de armar colectivos de cuerpos.
Descarga. Bailar solos y con el otro, con los otros. Compartir y soledad, comunidad e individuación.
En una invitación al encuentro cinestésico entre cuerpo en movimiento dinámico de la escena y cuerpo en movimiento estático del espectador. Un puente que la danza crea.
En ese cruce habitan las expresiones sin palabras, cuerpos que dicen en su forma y en sus movimientos. También emociones que fluctúan en la relación que se establece entre ese espacio, tiempo y energía. Entre la música presente y el vínculo que se genera con lo que ésta mueve, lo que impulsa, lo que motiva.
Una marea de sensaciones donde la técnica de los cuerpos en movimiento construye espacios propios, sosteniendo y siendo sostenidos, eyectando y siendo proyectados, solos y juntos.
Con mucha danza y las miles de posibilidades de los cuerpos.

Qué: Solos al baile
Quién: Dirección: Gabriela Prado.- Intérpretes: Amaray Collet, Carla di Gracia, Esteban Hezkibel, Carla Rímola, Alejo Hugo Enrique Wilkinson Hassler.- Escenografía: Alicia Leloutre.- Iluminación: Matías Sendón.- Video: Julia Fisicazo.- Música original: Carlos Vandera.- Asistente de producción: Ana Carolina Naranjo Rojo.- Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin.-
Dónde: EL CAMARÍN DE LAS MUSAS.- Mario Bravo 960 Teléfonos: 4862-0655.- Web: http://www.elcamarindelasmusas.com
Cuándo: Viernes - 22:30 hs

viernes, 26 de abril de 2013

ABRÁZAME


La bella sala de Hasta Trilce acoge en su espacio esta propuesta de danza que fusiona el tango, el folklore y la danza contemporánea. Su directora es Giuliana Rossetti, bailarina y coreógrafa que integró las compañías Ballet de Bolsillo, dirigida por el maestro Oscar Araiz; y TangoKinesis, a cargo de Ana María Stékelman. Maestros que han dejado alguna huella en la coreógrafa.
La puesta en escena ofrece al inicio el espacio vacío con dos cuadros en la pared del fondo (no hay telón en el lugar). Estos cuadros son grandes y muestran manchas rojas. El suelo está iluminado al ras, con cuatro focos que  marcan caminos que se cruzan. De esta manera se dibuja en el suelo una cruz de luz.
La danza surge desde los laterales y se hace presente en grupo. Grupos de hombres y de mujeres que bailan con mucho aire, sueltos, desenvueltos, ágiles.
En su fusión de técnicas se puede apreciar una reafirmación del hombre, de lo masculino, mediante el folklore y su zapateo. Una energía que se ancla en la construcción de un sujeto masculino nada volátil pero sí permeable, sensible y fuerte a la vez.
El tango se representa sin tacos, sin calzado de ningún tipo que lo caracterice. Es un tango presente en la atmósfera, en ciertos aires sonoros, en los sentires expresados (a veces con demasiado énfasis por algún intérprete)  pero ausente en la danza tanguera propiamente dicha.
Desde el principio el abrazo parece ser el tema. La unión de cuerpos femeninos y masculinos en ese gesto fraterno (que excluye explicitar otras sexualidades genéricas). Un abrazo que explora la pareja en su forma heterosexual, que ahonda en aquellos lugares que ambos ocupan. Socialmente, culturalmente, pactadamente, desde la representación del tango, el folklore o la danza contemporánea.
Está presente el lugar que ocupa el varón, el sostén que también se deja sostener. Y el lugar de la mujer que lo protege y se deja proteger. En ese sentido, juega con lo masculino y lo femenino sin extremar estereotipos. Por el contrario, es posible ver hombres suaves y fuertes al mismo tiempo, así como mujeres dulces y también potentes.
Es admirable como fluyen las entradas y salidas de los bailarines entre las escenas. Apenas hay un apagón en todo el transcurrir de la coreografía, lo que demuestra la habilidad, tanto de los intérpretes como de la dirección, para poder enlazar una escena con otra en continuidad. Además del sostenimiento desde la energía física y la resistencia. No paran. 
Interesante es también, en este fluir, el canon que realizan en muchas oportunidades en los cuadros grupales. A veces, cada pareja trabaja sobre distintos motivos musicales que dan un contrapunto coreográfico muy agradable a nivel kinestésico.
Una propuesta para sentir aire, movimiento, danza, que apenas en un momento da ganas de ver bailar realmente un tango.

Qué: Abrázame
Quién: Coreografía y Dirección: Giuliana Rossetti.- Intérpretes: María Cecilia Bazán, María Colimodio, Rodrigo Colomba, Lara Cuffia, Alexis Ledesma, Mariano Luraschi, Hernán Nocioni, Yamila Ramírez, Alfredo Ribalta, Giuliana Rossetti, Juan Federico Santucho, Teresa Sevilla, Adrian Vergés, Gimena Vizetti, Rosana Zelaschi.- Asistencia Coreográfica: Rosana Zelaschi.- Vestuario: Rosa De La Fuente, Roberto Vergottini.- Diseño de luces: Jorge Pastorino.- Diseño sonoro: Cristian Vatimo.- Video:Santiago Bozzone, Rocío Mendonca.- Operación de sonido: Emiliano Tedeschi.- Artista plástico: Karin Gutman.- Fotografía: Inés Migüens.- Diseño gráfico: Carla Rodríguez.- Asistente de producción: Paula Rodríguez.- Arreglos musicales: Cristian Vatimo.-
Dónde: TEATRO HASTA TRILCE  Maza 177.-  Teléfonos: 48621758.- Web: http://www.hastatrilce.com.ar
Cuándo: Sábado - 21:00 hs - Hasta el 27/04/2013

miércoles, 3 de abril de 2013

CUERPO EXTRANJERO



¿Cuál cuerpo es extranjero? ¿Extranjero de qué o de quién? 
La extranjeridad es una idea que plantea el estar fuera de algo, no pertenecer, ser foráneo. Los diccionarios definen como extranjero a toda nación que no es la propia, a lo que es o procede de otro país, a aquella persona que no forma parte de la comunidad política que se adopta como referencia.
La propuesta que reúne en escena una bailarina, una titiritera y un títere juega con estas definiciones. Porque aquí, ¿quién es extranjero?
Entre los tres personajes que participan del diálogo corporal, ¿quién mueve  y quién es movido? (¿conmovido?).
Con esta simple y profunda reflexión se ven confrontados los mundos diferentes así como la manipulación. El hecho de ser movido tanto como la hechura la disposición.
¿Cuál es el cuerpo extranjero? ¿El de la bailarina, el cuerpo humano, o el títere? ¿Hay acaso un cuerpo que habita al otro? ¿O que lo anima?
El movimiento de la bailarina suscita la pregunta por el cuerpo, por aquello que lo mueve, que moviliza, que pone en funcionamiento. Un interrogante que lleva aún más lejos en relación a lo que motoriza, lo que impulsa la vida.
Porque entre un muñeco animado por una persona, y una persona movilizada por un muñeco, o por un objeto, ¿qué diferencia hay en aquello que los impulsa?
El trabajo que se desarrolla en escena es maravilloso en este sentido donde incluso el sentido se busca, se pierde, muestra sus grietas, sus brechas, se construye.
El rostro humano es una gestalt potente que el títere animado en la pieza no posee. Al menos no posee con las características humanas. Esta cuestión problematiza algo del orden de lo siniestro, de aquello extraño y a la vez familiar que nos confronta casi con lo Real, con lo no posible de ser nombrado.
Porque, ¿qué mundos se ponen de manifiesto en esta creación? Una ficción que es el relato escenificado, narrado, un mundo al que se puede referenciar, y un desdoblamiento entre esta realidad viviente del humano y la realidad viviente ficcionalizada en el títere. ¿Cuál es la realidad más verdadera?
La propuesta de Fiorentino, Pavan y Armas crea una espiral que gira al infinito y abre las puertas imposibles de aquello que nos iguala, nos diferencia, nos hace. Nos constituye.

Qué: Cuerpo extranjero
Quién:Idea: Inés Armas, Daniela Fiorentino, Fagner Pavan.- Intérpretes: Ines Armas, Daniela Fiorentino.- Escenografía: Fagner Pavan.- Diseño de vestuario: Lucas Marin.- Diseño de luces: Adrián Cintioli.- Realización de vestuario y de títeres: Sol Stolarczyck.- Música: Ignacio Oñate.- Fotografía: Lucas Marin.- Diseño gráfico: Pablo Aguilar.- Asistencia de dirección: Gabriel Francisco Fernández.- Coreografía: Inés Armas, Gabriel Francisco Hernández.- Dirección: Fagner Pavan.- Web: http://www.ciamovil.com.ar
Dónde: TEATRO HASTA TRILCE.- Maza 177.- Teléfonos: 48621758

domingo, 31 de marzo de 2013

NUESTRA SEÑORA DE LAS FLORES


El Instituto de Investigación del Departamento de Artes del Movimiento del IUNA (IIDAM) siempre está atento para ofrecer a todo aquel interesado en el mundo del movimiento propuestas que lo enriquezcan.

Esta vez, junto al área de danza del Centro Cultural de la Cooperación, llegó invitado desde Portugal el coreógrafo y bailarín portugués Francisco Camacho, quien dio una función de Nuestra señora de las flores.

Estrenada en 1993, la obra comparte el título con la primera novela del narrador, ensayista y dramaturgo francés Jean Genet. La obra fue escrita en prisión y su temática entrecruza una autobiografía jugosa de homosexualidad, exclusión y marginalidad.

Por otro lado, la propuesta del bailarín, es considerada una de las piezas más destacadas de la danza contemporánea portuguesa.

Para ubicarse en una perspectiva que permita la crítica hay que tener en claro que esta pieza de danza fue estrenada hace 20 años. Tampoco es necesario que cada propuesta que sea mostrada esté impregnada de novedad, algo tan moderno y ya innecesario en estos tiempos.

La pieza se referencia con la literatura a partir de la apropiación del coreógrafo  de una novela de la que tomará para sí aquellos elementos que le hayan resultado inspiradores, aunque más no sea el título.

Ahora lo que importa es lo que ofrece la pieza.

En un espacio semi oscuro se ve una tela blanca apoyada sobre el suelo en un costado de la sala. Poco a poco entra la luz que ilumina al intérprete totalmente vestido de blanco y realizando una serie de movimientos pequeños. Permanece sin moverse, a la vez, del lugar donde se encuentra parado.

La música que lo acompaña, y con la que se relaciona su danza, alterna entre la sacralidad y el silencio (que también puede considerarse sagrado).  Cantos gregorianos que se apagan para dejar lugar a un eco en el vacío de la sala.

Por la estructura lumínica, pareciera que la luz es la guía de los movimientos, la que ilumina el espacio o señala el recorrido a seguir por el bailarín en el momento siguiente.

El bailarín lleva a cabo un proceso de transformación planteada por el cambio de ropa. Se viste y desviste como si cambiara de hábito. Deja su traje, culturalmente más masculino, y se pone un vestido.

Su danza propone una especie de desdoblamiento, como un travestismo que colocara al cuerpo en un lugar de lucha e incertidumbre. Allí parece suceder un mea culpa, como si el ser no se hallara en el cuerpo, como si la carne no estuviera a gusto dentro de esas vestiduras, de esa piel que lo calza.

El mismo coreógrafo piensa el cuerpo en un punto de inestabilidad, donde lucha por crear una unidad que no consigue lograr, por lo que el cuerpo siempre se encuentra fragmentando.

Este cuerpo múltiple plantea la culpa por la indefinición, por su situación de marginalidad. Y en la propuesta, este debate roza lo religioso, lo espiritual.

La pieza es a la vez cristiana y pagana, es un intento de plegaria que ondula entre el remordimiento y la devoción casi como un fanatismo religioso.

En la escena hay unas uvas. La sangre de Cristo se filtra en esta imagen donde el bailarín se encuentra enmarcado por una aureola virginal, blanca, de la luz,  y el vestido sotana que lleva puesto.

La carne esta expuesta y se debate. El cuerpo, la materia de la danza, vibra en esa batalla pasional y mística de donde brotan sonidos guturales, algo visceral que no puede explicarse.

En esta ondulación entre la música y el silencio, donde no importan sus transiciones más que por la luz y cierta sensación de cambio, el intérprete se trasviste, se transforma. De su vestido brotan flores como de su ser.

La búsqueda parece concluir con un intento de integración y súplica, con la incorporación de todo el vestuario (masculino y femenino, traje y vestido) y el ofrecimiento de las uvas hacia el cielo, hacia arriba, hacia fuera de la sala. Una ofrenda que es como una pregunta sin respuesta.

En ese canto de reflexión y fe, al final el hombre está solo. Sólo con su fe.

En la imposibilidad de cerrar la pregunta, la imagen metafórica muestra al intérprete arrastrándose, invirtiendo su cuerpo en un movimiento que no concluye, que se esfuma con la luz en un fade out.

 

Qué: Nuestra señora de las flores

Quién: Coreografía e interpretación: Francisco Camacho.- Vestuario: Carlota Lagido.- Iluminación y dirección técnica: Frank Laubenheimer.- Música: Jordi Savall.- Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin.-

Dónde: Centro Cultural de la Cooperación

jueves, 20 de diciembre de 2012

FLAMMA FLAMMA


El fuego arde y su flama se eleva. Es una imagen que vale para metaforizar las pasiones. Un sentir que esta pieza de danza dirigida por Mauricio Wainrot ha querido plasmar en el escenario.
A partir de los cuerpos del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, su director ha puesto en escena una coreografía que se apoya en la intensidad de la música.
Flamma Flamma - El Réquiem del Fuego (primera parte de la trilogía operística Las crónicas de Accacha) es una obra musical compuesta por el belga Nicholas Lens. Este réquiem inunda la sala del teatro con sus sonidos potentes, sus armonías vocales en combinaciones eclécticas, con sus arreglos poéticos y maravillosos. Puede hacer que cualquier oído se entregue fácilmente al placer de escuchar esta música que se apodera de la sala.
Difícil es, por tanto, que la coreografía gane protagonismo.
En un escenario casi vacío, con apenas un telón de fondo que se asemeja a una cortina transparente de plástico y que sirve de pantalla para alguna proyección, el espacio se presenta abierto para recibir a los bailarines.
Ellos hacen su entrada con el nivel técnico que los caracteriza, al que se le suman, además, algunas huellas de aquellos coreógrafos independientes que pasaron este año por el Ballet. Marcas de las que sus cuerpos contemporáneos se apropian y que enriquecen la interpretación.
Los juegos corporales de los bailarines remiten a movimientos conocidos dentro de los estilos más académicos de danza contemporánea, salvo por algún que otro desliz que otorga aire fresco a las producciones del Ballet.
El vestuario está claramente basado en la idea del fuego, con unas mallas y polleras que hace ver a los bailarines como llamas danzantes. Chispas que son completadas por el maquillaje y los arreglos de peluquería, un trabajo conjunto que transforma a los y las intérpretes en verdaderos duendes ígneos.
La iluminación acompaña desde lo alto en complemento y apoyada en un momento por una proyección de fuego. No hay escenas íntimas desde la luz, todo es amplio.
La pieza fue disparada y elaborada desde la música, encontrada azarosamente en una casa de música como bien relata Wainrot: “En 2001, luego del estreno de Las 8 estaciones en Amberes por el Ballet Real de Bélgica, Carlos Gallardo, escenógrafo y vestuarista de la obra, y mi compañero de vida, encontró en una casa de música un CD del oratorio Flamma Flamma, y lo compró para que lo escuchásemos juntos.” Música que influenció al director, quien tuvo que esperar más de 10 años para finalmente poder plasmarla una obra. “Era de alguna manera muy ecléctica, y justamente por eso me pareció muy interesante para crear una nueva obra integral” añade.
Sería realmente interesante poder contar con una orquesta y un coro que acompañara al Ballet para la realización de piezas integrales tan emocionantes como esta.
El fuego dador de vida, que todo lo consume, que hace arder, que limpia, que ilumina. Transformador y destructor. Metáfora de la pasión y del hombre -pequeña llama que arde. De los principios explosivos del universo y de los finales, cuyas cenizas alientan esperanzas.
De ese fuego motor nació esta pieza para arder y consumirse en las danzas del recuerdo.

Qué: Flamma Flamma
Quién. Coreografía y Dirección: Mauricio Wainrot.- Iluminación: Alejandro Le Roux, Eli Sirlin.- Video: Martín Gómez, Marcelo Manente, Pablo Yurrebaso.- Escenografía y vestuario: Graciela Galán.- Música: Nicholas Lens.-
Dónde: TEATRO GENERAL SAN MARTÍN.-  Avda. Corrientes 1530.-Teléfonos: 0800-333-5254 ó 4371-0111/18 www.teatrosanmartin.com.ar

miércoles, 5 de diciembre de 2012

CATULLI-CARMINA


Una propuesta integral que incorpora un cuerpo de baile, una orquesta, un  ensamble de percusión y un coro, en función de llevar adelante el relato de las canciones de Catulo (escritor latino que vivió entre los años 87 y 57 AC.)
La historia relatada consta de tres actos en los que se desarrolla el tema del amor, el sexo y la infidelidad, de una manera corporal y jocosa.
Comienza el primer acto con un preludio que muestra a unos jóvenes que realizan unos juegos amorosos. Un coro de adultos prácticamente se burla de estas aventuras mientras los invitan a escuchar las canciones de Catulo.
El argumento que se desarrolla muestra a Catulo enamorado de Lesbia, quien alterna con todo aquel que le interesa. Desconfiando incluso de sus amigos, Catulo se entrega a una prostituta para luego sentir el desencanto del encuentro, un vacío que supuestamente lo libera de la fuerte atracción que siente por Lesbia. La pieza concluye con los juegos eróticos del principio. De forma tal que parece circular, como un volver a lo mismo luego del intento de aferrarse a la fidelidad de un amor imposible.
La puesta es atractiva en su combinación de danza y música en vivo, además de la genial intervención del coro que con su potencia llega a emocionar.
Pese a que el argumento pueda sonar algo caduco o con cierto gusto a antiguo, la propuesta de conjugar una compañía de danza con un coro con quien además se mantiene una intensa y fluida comunicación, es maravillosa.
Ojalá se realicen más producciones de este estilo, en la cual voces y danza se entrelacen en un ámbito escénico.
La producción de la Asociación de Músicos Ensamble Lírico Orquestal, cuya ejecución musical forma parte de la propuesta, y las coreografías de la CIA de Danza del Departamento de Artes Del Movimiento dirigida por Roxana Grinstein, deben ser tenidas en cuenta para posibilitar más espacios como este que generen nuevas creaciones.

Qué: Catulli Carmina
Quién: Intérpretes: Ezequiel Barrios, Gastón Martín Barroso, Constanza Belgareto, Débora Britos, Paola Castro, Federico Diaz, Lucía García Pullés, Leonardo Gatto, Diego Gómez, Cecilia Layseca, Samanta Leder, Lucía Llopis, Leonardo Obdulio Arellano, Juliana Pontuga, Sebastián Russo, Iganacio Saraceni, Delfina Thiel, Matías Tomasetto.- Músicos: Andrea García, Ivana Rabellino.- Vestuario: Alicia Gumá.- Escenografía: Victor De Pilla.- Diseño de luces: Alfonsina Stivelman.- Asistencia Coreográfica: Lucia Giannoni.- Asistente de producción: Ángel Ariel Porro, Alejo Hugo Enrique Wilkinson Hassler.- Coreografía: Carlos Trunsky.- Dirección musical: Gustavo Codina.- 

EL APRENDIZ DE HECHICERO


Una pequeña pieza de danza fabulosamente jugada. Todo el aspecto lúdico de la danza está desarrollado en este formato que funciona como un número de vodevil.
Un bailarín aparece entre los cortinados del telón para entablar un diálogo con el público a partir de la gestualidad de su cuerpo.
Desde ese mismo lugar, en un espacio ínfimo, este único personaje caracterizado como un niño va a encontrarse con su sombra.
Con un relato expresivo pleno de matices cómicos, el intérprete se relaciona con una sombra visible tras una tela blanca que se encuentra casi al borde del proscenio. Con ella juega y crea cierto suspenso, mientras la música de piano acompaña sus movimientos.
Desde un espacio para nada pretencioso, el coreógrafo Carlos Trunsky construye una pieza simple y bella. Una danza fresca donde se pone de manifiesto la ingenuidad de un joven principiante en el universo de la magia y la hechicería.

Qué: El aprendiz de hechicero
Quién: Sobre textos de: Paul Dukas.- Intérpretes: Mario Martin Rodríguez, Gastón Exequiel Sánchez.- Músicos: Andrea García, Ivana Rabellino.- Vestuario: Alicia Gumá.- Escenografía: Victor De Pilla.- Asistencia coreográfica: María Kuhmichel.- Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin.- Coreografía: Carlos Trunsky