jueves, 16 de agosto de 2012

TALLER GRATUITO DE DANZATERAPIA

 
YERBAL 79 - CIUDAD DE BUENOS AIRES  
CONFIRMAR ASISTENCIA  
3979-5448
Aunque no sea un arte escénico, la danzaterapia nos abre a la improvisación y experimentación, permitiendo nuevas y personales creaciones que pueden -o no- ser trasladadas a un espacio escénico como espectáculo

miércoles, 8 de agosto de 2012

ESE LUGAR. ESTEREOSCÓPICA. LA CASA DEL DIABLO.


El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín que dirige Mauricio Wainrot, volvió a presentar un programa compartido dirigido por coréografos contemporáneos, quienes proyectan su propia mirada sobre el espacio-tiempo de la danza.
Los invitados esta vez fueron Gabriela Prado, Ana Garat y Pablo Rotemberg. Cada uno de ellos construyó una coreografía diferente con el realmente maleable, flexible, abierto y dispuesto grupo de bailarines del Ballet.
Desde el juego con sombras de Ese lugar, a los movimientos de Estereoscópica, hasta la ruptura total de los cuerpos fríamente sexuados de La casa del diablo. Es sorprendente la ductilidad del grupo. La capacidad que tienen como intérpretes para ponerse al servicio de cualquier movimiento contemporáneo.
Del universo de la danza y estas tres puestas escénicas, pueden destacarse características particulares diferentes de cada una de ellas.
Ese lugar introdujo un juego de sombras interesante cuya proyección en el fondo del escenario construía un mundo de tamaños abruptos y opuestos. Desde lo más pequeño hasta lo gigante, las sombras bailaban casi fuera de los cuerpos que las movían. La plasticidad de las sombras creaba una imagen que captaba la mirada y disparaba el imaginario hacia mundos de sueños o pesadillas. Una pena que no haya sido más explotada....
“Nada en la naturaleza tiene un contorno definido. Toda imagen se observa frente a otra y cada límite se desvanece de manera tan sutil que no puede distinguirse dónde termina uno y comienza otro...” señala Ana Garat,  directora de Estereoscópica, una propuesta cuyo vestuario daba cuenta de las distorsiones de volúmenes y multiplicación de la materia de todo aquello que hay en la naturaleza. Vestuarios que fueron escenografía y danza, ampliando los ámbitos donde se cuela la coreografía del movimiento.
Finalmente, como postre, La casa del diablo de Pablo Rotemberg. El director presentó la propuesta francamente más jugada de las tres. Con todo lo posmoderno revuelto hasta casi ‘desposmodernizarse’, los cuerpos vacíos de amor pero ansiosos de sexo. Acá se podía disfrutar de algo casi visceral, pleno de pasión, aunque simultáneamente envuelto en una soledad angustiante.
Esa contraposición de sentimientos ambiguos, así como los movimientos maquinales de los cuerpos en celo, trasvestidos, destrozados de saltar furiosamente contra el piso, golpeados, lograban despertar al espectador que hubiera caído en alguna modorra teatral. Una pieza cargada de metáforas de movimiento, atravesada por el abandono más allá de toda relación de género.
Y escuchar a un bailarín susurrar una canción de desengaño con la voz quebrada, resultó el cierre ideal para terminar con tanta histeria.
Pablo Rotemberg le da el toque de pimienta a la escena.

Qué y Quién: Ese lugar: Vestuario: Eliana Kuris Dick, Julieta Harca.-  Escenografía: Alicia Leloutre.- Iluminación: Alejandro Le Roux.- Música original: Pablo Bronzini.- Coreografía: Gabriela Prado.-
Estereoscópica: Idea: Pilar Beamonte, Ana Garat.- Vestuario: Pilar Beamonte
Iluminación: Alejandro Le Roux.- Música original: Martín Ferres.- Coreografía: Ana Garat.-
La casa del diablo:  Vestuario y Escenografía: Gabriela A. Fernández. Iluminación: Alejandro Le Roux.- Edición de sonido y Arreglos musicales: Jorge Grela.- Asistencia coreográfica: Leonardo Gatto, Josefina Gorostiza, Valeria Polorena.- Asistencia de vestuario: Estefanía Bonessa.- Dirección: Pablo Rotemberg.-
Dónde: TEATRO SAN MARTIN Av. Corrientes 1530.- Teléfonos: 0800-333-5254 ó 4371-0111/18.- Web: http://www.teatrosanmartin.com.ar
Cuándo: Domingo - 17:00 hs.- Viernes y Sábado - 20:30 hs.- Jueves - 14:00 hs.-

martes, 7 de agosto de 2012

LA LENGUA (HABLA SIN PALABRAS)


Entre la luz y las sombras, una imagen. Vale más que muchas palabras que cualquier lengua pueda pronunciar.
Desde la quietud, el movimiento, un ovillo que empieza a correr para dejar ver lo que hay detrás, debajo, entre la piel, escrito en la desnudez del cuerpo.
La danza se arma desde un lugar, sino filosófico, con toda seguridad poético.
Esta pieza en particular, tiene un formato de unipersonal. Unipersonal danzado, danza biográfica, coreografía novelada de una bailarina.
Entre los juegos de luces y sombras, se proyectan espacios de la mente, entramados que son como una red donde el cuerpo se introduce, juega, dispara la imaginación creativa y creadora del espectador. Un entramado que se impulsa desde la escena y construye un puente de sensaciones, sentires y sentidos hacia el público.
Leticia Mazur se entrega. Baila con el oído atento a su cuerpo, a las corrientes subterráneas que lo mueven y movilizan. Alternación de movimientos lentos y explosivos que se suceden como una respiración entrecortada, sostenida.
Su cuerpo casi sutil se sacude, dibuja líneas, expresa. Es un cuerpo vivo donde el rostro habla tanto como las manos, el pecho o los pies. Un cuerpo que se esconde para hablar en voz alta, que parece huir de los músculos tensos de un salto, del esqueleto centrado en un equilibrio de la danza. Un cuerpo que se desdobla en sombras y brilla en la búsqueda de la luz.
La lengua lame el escenario con suavidad y aspereza, histérica, calma, histriónica. La lengua asoma una punta afuera en un extremo. En el otro es un órgano bien arraigado en el cuerpo.

Qué: La lengua
Quién: Autoría, Dirección general e Interpretación: Leticia Mazur.- Vestuario: Maria Gonzalez.- Diseño de luces y espacio : Alicia Leloutre, Matías Sendón.- Realización de vestuario: Ana Paula Méndez.- Música: Manuel Schaller, Alejandro Terán.- Fotografía: Sebastián Arpesella.- Diseño gráfico: Pablo Sternbach.- Asistencia de escenario: Sebastián Francia, Leandro Orellano.- Prensa: Pintos Gamboa.- Producción: Laura Mazur.-Colaboración creativa: Rafael Ferro, Inés Rampoldi.- Supervisión dramatúrgica: Elisa Carricajo.- Co-Dirección: Elisa Carricajo, Barbara Hang.-
Dónde: ESPACIO CALLEJÓN Humahuaca 3759.- Teléfonos: 4862-1167.- Web: http://espaciocallejon.blogspot.com/
Cuándo: Viernes - 23:00 hs

domingo, 29 de julio de 2012

ELEVARSE EN ELEVÉ


No sé si son los debates que se continúan abriendo en la sociedad acerca de las cuestiones de género, la libertad de elección en cuanto a gustos sexuales, las luchas contra el femenicidio o las reflexiones sobre el lugar real que ocupa la igualdad entre hombre y mujer, pero últimamente el universo femenino está puesto sobre la escena de muchas maneras.
Una de ellas se ve en esta exploración de danza teatro (no cabe aquí meterse en discusiones sobre definiciones a las expresiones del movimiento escénico) llamada Elevé.
Esta pieza trabaja a partir de la imagen de la azafata y las líneas aéreas,  de acuerdo a lo que esta idea construye en el imaginario social. El grupo de bailarinas interpreta el ser de la azafata como un cuerpo reprimido dentro de su uniforme que debe moverse con una actitud complaciente siempre al servicio del otro. Podría pensarse que la mujer representada es pulcra, limpia, no tiene pelos, es obediente, obcecada, habla suavemente y solo de moda, y reparte su tiempo entre la casa y el shopping.
Pero la mujer intenta no someterse y se rebela, sacude su cuerpo, su pelo, sus fluídos.
Hay en la obra connotaciones sobre el deber ser de la mujer y el querer ser de la mujer. Hasta aparece la idea de que aquello impuesto sobre el cuerpo femenino, como la depilación, forma parte de una represión corporal transmitida por la madre de generación en generación.
Entonces, entre danzas y canciones,  entre despegues y aterrizajes, la construcción de lo femenino o de lo ser mujer, resulta casi ambigua.
La envidia y la histeria se despliegan como las alas rígidas del avión en el aire. Y entre ellas mismas se suceden situaciones violatorias que violentan la mirada.
(Freud un poroto).
Aquí vemos un universo donde lo femenino parece estar en construcción en medio del desarrollo histórico de la sociedad. Donde la imagen poética de la mujer mitad bailarina de ballet mitad ‘hombre rana’ es un atisbo de síntesis de aquello que las palabras no pueden expresar.
Eso es lo maravilloso de la danza.

Qué: Elevé
Quién: Autoría y Dirección general: Paula Etchebehere.- Interpretación: Belén Bottaro, Paula Caldirola, Natalia Pena, Lucía Rivera Bonet, Micaela Sananes, Eugenia Saulquin, Daiana Villar.- Diseño de maquillaje: Sol Dell Acqua, Agustina Zirulnik.- Diseño de escenografía: Celeste Botet.- Diseño de luces: Soledad Rivera.- Diseño sonoro: Javier Rodríguez.- Fotografía: Daniel Caldirola.- Diseño gráfico: Tamara Beltram.- Asistencia coreográfica: Carolina Gallo.- Asesoramiento de vestuario: Maria Fernanda Brinatti.- Asistente de producción: Maura Heredia Spivac.- Prensa: Luciana Zylberberg.- Producción: Daiana Villar.- Dirección de actores: Javier Rodríguez.-
Dónde: NOAVESTRUZ Humboldt 1857.- 4777-6956 www.noavestruz.com.ar
Cuándo: Viernes - 00:00 hs

domingo, 17 de junio de 2012

ZEPPELIN


La pieza que dirigen Gustavo Lesgart y Carlos Casella (intérpretes, creadores y amigos) surge de la idea de los coreógrafos de realizar una puesta escénica donde se produciera una sumatoria de intérpretes que partiera de un individuo para llegar a la totalidad, y una vez allí fuera restando hasta quedar nuevamente uno solo en escena. 
Sobre la imagen que genera esta idea surge la figura del zeppelin. Un tipo de aerostato dirigible usado en la guerra antes de que se desarrollaran las primeras aeronaves.
Sin tener ninguna relación visible ni explícita con la guerra o la aviación, la puesta expone desde el principio una especie de construcción en masa, una disposición de los bailarines que se organiza de forma colectiva. Los dibujos que conforman en el espacio escénico parecen funcionar a modo de engranaje donde cada uno es imprescindible y posibilita el movimiento de todos.
Si esta composición grupal se observa desde una perspectiva de política del movimiento, el trasfondo ideológico de la figura en construcción puede apreciarse como una propuesta más que interesante de labor colectiva y social. Un trabajo que muestra coreográficamente la posibilidad de creación en conjunto.
Además, hay en la composición un contacto físico importante, una cercanía entre los cuerpos que da cuenta de un compromiso tanto individual como grupal. Donde hombro a hombro, con el apoyo de todos y la coordinación ajustada de cada uno, se arma la totalidad de la figura coreográfica. Donde el bailarín es impulsado y sostenido por el grupo a la vez que impulsa y sostiene al resto.
La imagen que se desprende de esta especie de estructura molecular bien puede funcionar como metáfora de una estructura social (más allá de la intención de los directores o los intérpretes).
Esta primera parte de la coreografía comienza con  un solo bailarín al que se van sumando los demás. No hay mujeres aún en la escena, con lo que a la metáfora anterior bien pueden sumársele otras connotaciones. Pero más allá de cualquier especulación, la propuesta es dinámica.
Cuando la mujer aparece en la escena, lo hace para romper este juego masculino. Situación acentuada también por el contrastante vestuario de color frente a los tonos grises de los hombres. Ya desde el color hay una oposición muy fuerte entre lo femenino colorido y lo masculino gris. ¿Qué quiere decir esto desde el punto de vista cromático?
Luego del choque que se produce con la primera mujer, y su danza entrelazada con los hombres, comienza a surgir todo el restante grupo femenino.
El encuentro entre ambos grupos se da como un enfrentamiento, donde van y vienen, se juntan y danzan, pero no parece producirse un encuentro real sin colisiones. Más bien, se arma un vaivén de pequeñas explosiones, como chispas que saltaran en su roce.
Esto da lugar al momento femenino (en el que un hombre se integra como parte de ellas).
Las mujeres no realizan ninguna coreografía grupal de contacto como hicieran los hombres antes. Ellas se deslizan, desfilan, flotan coquetas. Quizás ellas sí, metáforas del volar.
Ellas son color y seducción. Acentuada esta última con escenas donde parecen enloquecer por el deseo erótico de posesión de un zepelin.
La propuesta es a nivel de imaginario ‘psi’ muy fálica. Por otro lado, puede resultar casi misógina por donde coloca a la mujer, a no ser por cierta exageración en el actuar femenino que podría llegar a hacerla ver como irónica. Y así pensar su actuar como si fuera una parodia del lugar social que la mujer suele (o solía) ocupar. Pero en sus comportamientos escénicos se ve como un ser histérico cuya forma de moverse, además, es individual. No hay enlace molecular entre ellas que en la puesta parecen conformar un desfile elegante de mujeres solas.
Siguiendo el punto de vista 'psi', el zeppelin aparece en la escena como una obviedad fálica (que también podría leerse desde la parodia, como no). Por lo que bien podría pensarse como la completud escenográfica de una obra falocéntrica.
La forma del zeppelin de la escenografía, irrumpe desde el fondo como una luna llena que asomara tímida para posteriormente develarse. Lo que queda a la vista es apenas la punta del zeppelin.
La pieza tiene mucho jugo para elucubrar, atar o desatar cabos sueltos en la mente de uno, fluir con el movimiento y deleitarse, reírse y disfrutar de la danza.
Y para coronar la propuesta, está el broche de oro que es el sonido. El otro 50 % de esta creación. Con la música de Diego Vainer que es maravillosa, uno termina por subirse al viaje de este volador dirigible.

Qué: Zeppelin
Quién: Coreografía: Carlos Casella y Gustavo Lesgart.-Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.- Música original: Diego Vainer.- Vestuario: Pablo Ramírez.- Escenografía: Mariano Sivak
Dónde: Teatro San Martín Avda. Corrientes 1530
Cuándo: jueves a las 14, viernes y sábados a las 20.30, domingos a las 17.

domingo, 10 de junio de 2012

LOS POSIBLES. LA ENERGÍA QUE FALTABA EN LA ESCENA


La danza que despliega esta pieza es propuesta como una necesidad vital del ser humano. Desde lo que se puede ver en escena, que contagia al espectador, hasta el trabajo que hay detrás, donde un grupo de personas estiran los límites de la danza hacia sus vínculos con la sociedad demostrando que este arte del movimiento posibilita la inclusión social.
En la escena puede sentirse la energía de los intérpretes. Tanto los bailarines como el baterista que late con ellos, hacen partícipe al público de sus emociones, sentires, vivires o pensares.
El movimiento sin ser narrativo, construye un relato. El relato de los cuerpos, de su posibilidad, de su existir, su ser eyectados hacia el futuro, hacia delante. También el relato de un cuerpo al margen que puja por su espacio, en una búsqueda particular de pertenencia.
El ritmo y el placer de moverse, expresar, descargar, compartir, comunicar, vivenciar, en definitiva, todo aquello placentero que puede brindar la danza está ahí, en la escena y para compartir. Los intérpretes logran sacudir al público que termina llevando el ritmo en su propio cuerpo.
Una mágica sinergia cinestésica moviliza al espectador en una situación de convivio teatral donde parecen participar todos al mismo nivel.
Esto es gracias a unos intérpretes singulares, bien plantados, presentes en la escena en carne y espíritu, con todo lo que cada uno es puesto encima del fuego. Ellos son fuego. Hay entrega y vitalidad.
También sucede gracias a la música. La batería no cesa con su ritmo, sus cadencias que dan ansiedad y sosiegan, que explotan junto a los cuerpos. La batería baila como otro intérprete que sobrevuela el escenario.
Las luces y la escenografía completan la construcción. Su actuación es sumatoria a una arquitectura del movimiento donde se crea toda una poética de los márgenes. El conjunto genera el ámbito imaginario de las afueras de la urbe. Un espacio donde entra en juego el límite de lo territorial y, por tanto, de la pertenencia.
Así, lo marginal, lo extraterritorial, se hace presente al saltar de los márgenes sociales al centro de la escena.
Esa construcción de las afueras está representada escenográficamente en unas simples estructuras, que junto a los juegos de luces, producen incluso sensaciones térmicas.
Todo lo hace ser genial.
Detrás de escena, el grupo Km29 es un proyecto pluridisciplinario que reúne artistas no sólo de distintas ‘especies’,  sino también personas provenientes de diferentes ámbitos socioculturales. Su propuesta viene de la mano de un apoyo del TACEC (Teatro Argentino. Centro de Experimentación y Creación) de La Plata, donde realizaron exitosamente un par de temporadas.
Por fin arriban a la ciudad de Buenos Aires en coproducción con el Cultural San Martín, para que los porteños (muchos reacios a la movilización más allá de la Gral Paz) puedan disfrutarla.

Qué: Los posibles (http://www.km29.net)
Quién: Intérpretes: Alejandro Alvarenga, Lucas Araujo, Alfonso Barón, Jonathan Carrasco, Jonathan Da Rosa, Pablo Kun Castro, Daniel Leguizamón
Música original y Músico en escena: Ramiro Cairo.- Escenografía e Iluminación: Matías Sendón.- Fotografía: Sebastián Arpesella.- Asistencia general: Marina Sarmiento.- Producción: Juan Onofri Barbato, Marina Sarmiento, Matías Sendón.- Dirección general: Juan Onofri Barbato.-
Dónde: CENTRO CULTURAL GENERAL SAN MARTIN Sarmiento 1551 .- 4373-8367 .- Web: http://www.ccgsm.gov.ar
Cuándo: Domingo - 19:00 hs – Jueves, Viernes y Sábado - 21:00 hs

jueves, 31 de mayo de 2012

CHANTECLER


En los años ´40, el lujoso cabaret Chantecler ubicado en la calle Paraná 440 fue el lugar elegido por los amantes del tango. Allí se alternaban en la orquesta Julio De Caro y un conjunto que dirigía el joven Juan D'Arienzo, cuyo ritmo dejó su firma en la historia del tango.
A partir de este disparador histórico tan jugoso, y con gran habilidad creativa, llega Chantecler como espectáculo de tango al escenario.
Mora Godoy acierta en su elección temática, así como en la composición de todo el equipo que la acompaña en esta propuesta.
En escena se recrea la atmósfera del Chantecler. Pero la construcción de la trama está realizada como una película. Vemos la fachada en venta del que antaño fuera el cabaret para luego descubrir su interior y posteriormente viajar en el tiempo a su pasado glorioso.
A través de una historia simple y muy bien articulada, se desarrolla la propuesta coreográfica que no necesita de palabras para ser comprendida en toda su extensión.
La escenografía recrea el presente y luego da un salto -como un flash back cinematográfico- a la ambientación del cabaret del pasado. Allí vuelve a revivir el salón con todo su esplendor.
La iluminación consigue crear los distinos climas que colaboran para percibir y diferenciar lo que transcurre en el pasado y en la realidad presente, además de otras sutilezas imprescindibles en atmósferas más intimistas o románticas.
Palabras mayores de elogio se las lleva el desempeño del grupo de bailarines y la orquesta. Los cuadros creados relatan en sí mismos pequeñas historias o anécdotas que dan cuenta de la vida transcurrida en el cabaret. De entre ellas, es para destacar una escena en la que una simple botella es la excusa para la creación de un entramado coreográfico genial, donde se conjugan humor, danza y un breve desarrollo teatral con habilidad.
La música se disfruta por sí sola y se comparte como si el público mismo formara parte de la clientela del lugar.
Por todo lo dicho, cabe mencionar la buena labor de dirección. Sólo así podría representarse coreográficamente esta historia con tal desempeño.
En definitiva, una excelente propuesta para quienes gusten disfrutar del tango como espectáculo teatral.

Qué: Chantecler
Quién: Guión y Dirección: Mora Godoy, Stephen Rayne.- Coreografía: Graciela Calo, Juan Manuel Firmani, Horacio Godoy, Mora Godoy, Ignacio Martínez Cano, Gustavo Wons.- Bailarines: Sergio Martín Almirón, Diego Amorín Hermeto, Marcos Ayala, Graciela Calo, María Cecilia Capello, Emmanuel Casal, Giovanna Di Vincenzo, Chantal Fernández, Juan Manuel Firmani, Silvia Fuentes, Horacio Godoy, Mora Godoy, Arturo Gutierrez, Magdalena Gutiérrez Calviño, Yanina Muzyka, Silvana Núñez, Ariel Fernando Pérez, Iván Leonardo Romero, Juan Manuel Rosales, Micaela Spina, Gustavo Ariel Vargas, Marcela Vespasiano.- Cantantes: David Alejandro Rodríguez.- Músicos: Juan de la Cruz Bringas, Adrián Enríquez, Damian González Gantes, Alejandro Guershberg, Federico
Santiesteban, Roberto Santocono.- Dirección musical  y Arreglos musicales: Fernando Marzán.- Musicalización: Horacio Godoy.- Música original: Gerardo Gardelin.- Diseño de vestuario: Cecilia Monti.- Diseño de escenografía: Juan Danna.- Diseño de luces: Cristian Tateossian.- Fotografía: Federico De Bartolo.- Asistente de producción: Oscar Duarte, Jazmin Jalil.- Dirección técnica: Cristian Tateossian.- Producción ejecutiva: Constanza Sanfilippo.- Producción general: Mora Godoy.- Prensa: Debora Lachter.-
Dónde: TEATRO PRESIDENTE ALVEAR Av.Corrientes 1659.- Teléfonos: 4373-4245 / 4374-9470.-  Web: http://www.complejoteatral.gob.ar
Cuándo: Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado 21:00 hs, Domingo 20:00 hs